Ariana Grande se aleja de los reflectores, pero no del trabajo: lo que de verdad anunció y la razón que nadie quiere nombrar

La cantante se tomará un descanso de la vida pública al terminar su gira el 1 de septiembre en Londres, y canceló su regreso al teatro y su paso por American Horror Story. El anuncio dice "escrutinio público constante". La historia detrás de esa frase lleva años escribiéndose frente a todos.

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Ariana Grande | Foto: Shutterstock
Ariana Grande | Foto: Shutterstock

La noticia corrió desde el domingo por la noche y conviene contarla con precisión, porque el titular fácil la deforma. Un representante de Ariana Grande confirmó a People y Deadline que la artista «se alejará temporalmente de la vida pública» cuando termine su Eternal Sunshine Tour, el 1 de septiembre en Londres, tras el último de sus diez conciertos en el O2 Arena.

El comunicado explica que quiere cerrar la gira por todo lo alto, con buena salud y feliz, para luego tomarse un descanso merecido de un trabajo y unas apariciones públicas que le han supuesto, en palabras textuales del equipo, un escrutinio «interminable y constante». La gira, que arrancó el 6 de junio en California y cierra su etapa estadounidense esta semana con tres shows en Chicago, ha sido según su entorno una experiencia maravillosa. El problema nunca fue el escenario. Fue todo lo demás.

Lo que cancela y lo que no

El anuncio viene con consecuencias concretas. Grande no participará en la reposición de Sunday in the Park with George en el West End londinense, el musical de Sondheim que la habría reunido con Jonathan Bailey, su compañero de Wicked. Tampoco estará en la nueva temporada de American Horror Story, oficialmente por conflictos de agenda. Dos proyectos soñados, de esos que los artistas persiguen por años, bajados del calendario.

Y aquí está el matiz que separa esta nota del titular apurado: Ariana no se retira del trabajo, se retira de la exposición. En noviembre estrena Focker-in-Law, la nueva película de Universal donde comparte cartel con Robert De Niro y Ben Stiller, y nada indica que su carrera se detenga. Lo que se detiene son las alfombras, las entrevistas, las apariciones. La diferencia importa porque nombra el problema con exactitud: lo que agotó a una de las artistas más trabajadoras de su generación no fue cantar, ni actuar, ni grabar. Fue ser mirada.

La frase que carga años

«Escrutinio público constante» es lenguaje de comunicado, pero cualquiera que haya seguido a Grande en los últimos años sabe traducirlo. Desde las campañas de Wicked, cada aparición suya ha venido acompañada de una conversación paralela sobre su cuerpo, con comentarios y titulares enfocados en su delgadez que ella misma ha pedido frenar en repetidas ocasiones. En noviembre pasado volvió a compartir en sus redes un recordatorio pidiendo al público que dejara de opinar sobre los cuerpos ajenos. No funcionó, evidentemente, porque nunca funciona: la maquinaria de opinar sobre una mujer famosa no tiene botón de apagado. Lo que sí tiene botón es la participación de ella, y acaba de usarlo.

No vamos a especular aquí sobre su salud, porque ese ejercicio es precisamente el problema que la tiene tomando distancia. Lo que sí se puede decir, porque es un hecho, es que una artista de 32 años en la cima de su carrera acaba de calcular que el costo de ser vista supera al beneficio, y que esa cuenta la están sacando cada vez más figuras de su generación.

Un patrón que ya no es anécdota

Hace apenas unos días publicamos nuestra óptica sobre el ensayo de Evangeline Lilly sobre el momento en que dejó de gustarse a sí misma al conocer su versión pública, y esta noticia se lee como otro capítulo del mismo libro: el de las mujeres famosas descubriendo que el personaje que el público observa, comenta y corrige termina devorando a la persona. Lilly se bajó del todo. Grande, por ahora, solo pide una pausa. Pero la pregunta de fondo es idéntica y la industria va a tener que respondérsela tarde o temprano: ¿de qué sirve fabricar estrellas si el precio de serlo es este?

El descanso empieza en septiembre. Ojalá sea largo, ojalá sea de verdad, y ojalá cuando vuelva encuentre una conversación pública un poco menos cruel que la que la hizo irse. Sobre eso último, siendo honestos, no apostaríamos. Pero se lo deseamos igual.