Camilo escribió 13 canciones para sus hijas y la frase que más duele la dijo Índigo, que tiene cuatro años

«Para Cuando Sean Mayores», su quinto álbum, salió hoy. Empezó como un manual para cuando Índigo y Amaranto crezcan y terminó siendo, según él mismo, el disco que más necesitaba el papá.

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Camilo | Foto: LaBulla PR
Camilo | Foto: LaBulla PR

Al final de «La Campana», la séptima canción del disco nuevo de Camilo, se escucha la voz de una niña. Es Índigo, su hija mayor, que tiene cuatro años. Dice: «Estoy preocupada porque estoy curiosa de ver qué te pasa a ti cuando estás así, como triste». Ahí está resumido el disco, dicho por la persona a la que iba dirigido.

«Para Cuando Sean Mayores» son 13 canciones que firma Camilo y que él presenta como una caja de herramientas para sus hijas, cosas que quiere que sepan cuando él ya no esté para explicárselas. Esa era la idea. Lo que pasó por el camino lo contó él mismo: «Empecé a escribir un álbum para ellas. Y mientras lo hacía, descubrí que quien más lo necesita soy yo».

Camilo tiene 32 años y 33 nominaciones al Latin Grammy. Es el de los sombreros y el bigote, el de «Vida de rico» y «Tutu», el que llama La Tribu a sus seguidores. Hace dos años, con «Cuatro», se metió en la salsa y consiguió tres nominaciones. Este disco va para otro lado. Es pop, casi todo en primera persona, y arranca con un niño de ocho años escondido en un árbol de limón.

Ese niño es él. En un boletín que mandó a La Tribu antes del lanzamiento, escribió que para entrar al mundo de sus hijas tuvo que volver a ser el Camilo de ocho años, y que en el proceso recuperó el árbol donde se escondía, las calles de su cuadra, el pavimento. «Estoy acordándome de mí. Estoy retomándome. Es como la sensación de quien olvidó lo que iba a decir y, después de pasarse un día entero tratando de recordar lo que olvidó, por fin lo recuerda».

El disco está armado como un cuento. Abre con «Los Cuentos», un interludio en el que él hace de narrador, y cada canción después es una escena con su propio problema. Los títulos llevan artículo, como personajes de fábula: «El Titiritero», «La Nieve», «El Árbol», «El Cisne», «El Ruiseñor», «El Ángel». Suenan a libro ilustrado, y Camilo se ha cuidado de aclarar que no hizo un disco infantil. Lo que hizo fue un disco de adulto que se pregunta en qué momento dejó de ser niño.

Las dos canciones que cargan con esa pregunta van seguidas, en la mitad del álbum. «La Campana» es Camilo hablándole a Dios, con órgano y campanas de iglesia, admitiendo que nada lo llenaba. «El Traje» es piano y una confesión: un hombre que ya no se reconoce en el espejo. Él la llama la canción más vulnerable que ha grabado. Y es en «La Campana» donde entra Índigo preguntando qué le pasa a su papá cuando está triste.

Amaranto, la menor, que cumplió dos años en agosto, abre «Chiquita», la canción que Camilo escribió sobre su mundo. Es la que más se aleja del pop del resto del disco: marimba y percusión del Pacífico colombiano.

La única colaboración es con Evaluna, en «La Medalla», una balada sobre elegirse cada día. Las dos últimas canciones también son para ella. «For Eva» juega con su nombre y con la palabra inglesa «forever», y tiene un verso sobre algo que a los dos les pasa desde que se casaron: «todo el mundo nos cogió como referente cuando el amor les pasa por la mente». «Luna» cierra. Es la más alegre de las 13, y la luna del título es una «que, de todas las ventanas que había, había decidido quedarse con la suya».

Camilo | Foto: Cortesía LaBulla PR
Camilo | Foto: Cortesía LaBulla PR

El primer sencillo, «El Árbol», se estrenó en vivo la semana pasada en los Premios Juventud, en Marbella, donde Camilo llegó con dos nominaciones. Parte de una pregunta: qué haría uno si supiera que lo que está viviendo es la última vez. Camilo lo explicó así: recordar la última vez que hizo algo y darse cuenta de que no supo que era la última.

El disco pide paciencia. Las canciones hablan de ansiedad, de perder la esencia, de gente que ya no está («El Ángel» está cantada desde la voz de alguien que se fue y sigue cuidando a los suyos). Es un Camilo menos pegajoso que el de «Tutu» y más parecido al que escribe boletines largos a sus fans. Quien busque el hit para el carro va a tener que esperar al concierto.

La gira empieza el 9 de octubre en Estados Unidos, con Miami, Orlando, Chicago y Nueva York, y sigue hasta diciembre por Puerto Rico, Paraguay, Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador y Colombia. Bogotá tiene dos fechas en el Movistar Arena, el 11 y el 12 de diciembre. México queda para febrero de 2027, con nueve ciudades.

El título es una promesa a largo plazo. Índigo y Amaranto no van a entender estas canciones hoy. Están hechas para dentro de quince o veinte años, cuando abran el disco de su papá y se encuentren, en medio de una canción, la pregunta que una de ellas le hizo a los cuatro años.