La madrugada del 3 de enero de 2026 marcó un quiebre definitivo en la historia política de Venezuela. Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados por fuerzas estadounidenses y extraídos del país en una operación militar que puso fin, al menos en lo simbólico, a más de una década de control absoluto del poder. La noticia fue confirmada por el propio presidente estadounidense Donald Trump y replicada por medios internacionales a escala global.
Para entender cómo se llegó a ese punto, hay que mirar atrás.
De heredero político a poder absoluto
Nicolás Maduro no llegó al poder por accidente. Tras la muerte de Hugo Chávez en 2013, fue designado como su sucesor político directo. Venía de un largo recorrido dentro del chavismo: sindicalista del Metro de Caracas, diputado, canciller y vicepresidente. Su llegada a la presidencia se dio en una elección cerrada y cuestionada, que desde el inicio dejó grietas de legitimidad.
Cilia Flores, abogada y figura clave del chavismo, ocupó espacios estratégicos desde la Asamblea Nacional hasta el Palacio de Miraflores. Su rol fue más que simbólico: se convirtió en una operadora política central, con influencia directa sobre decisiones judiciales y partidistas, según han documentado investigaciones periodísticas y reportes judiciales en Estados Unidos .
La ruptura con la democracia
Con el paso de los años, el gobierno de Maduro avanzó hacia un modelo abiertamente autoritario. Elecciones sin garantías, persecución a opositores, inhabilitaciones políticas y control total de las instituciones marcaron su gestión. En 2017, la creación de una Asamblea Nacional Constituyente paralela terminó de sepultar el equilibrio de poderes.
El enfrentamiento con la oposición se volvió frontal. En 2015, cuando la oposición ganó la Asamblea Nacional, el poder real se desplazó hacia el Tribunal Supremo y el Ejecutivo. Desde entonces, la comunidad internacional comenzó a desconocer formalmente los procesos electorales venezolanos.
Sanciones, acusaciones y aislamiento
En 2020, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó acusaciones formales por narcotráfico y narcoterrorismo contra Maduro y varios altos funcionarios, incluyendo a Cilia Flores. Desde entonces, ambos pasaron a ser figuras perseguidas judicialmente fuera de Venezuela.
Las sanciones internacionales, el quiebre con buena parte de América Latina y Europa, y la dependencia de aliados como Cuba, Rusia e Irán terminaron de aislar al régimen .
La operación del 3 de enero de 2026
Según información confirmada por agencias internacionales, fuerzas estadounidenses ejecutaron una operación militar limitada en Caracas y otras zonas estratégicas. Durante la acción, Maduro y Flores fueron capturados y trasladados en avión fuera del país, con destino a Estados Unidos, donde enfrentarían cargos federales .
La operación incluyó bombardeos selectivos y un despliegue rápido que tomó por sorpresa a la cúpula del poder. Horas después, Donald Trump confirmó públicamente la captura y habló de una “transición supervisada” para Venezuela .
Reacciones y consecuencias
La noticia provocó reacciones inmediatas. Países aliados al chavismo condenaron la acción, mientras que gobiernos occidentales pidieron una transición democrática real. Naciones Unidas convocó reuniones de emergencia para discutir la legalidad del operativo y su impacto regional .
Dentro de Venezuela, el escenario quedó marcado por la incertidumbre. El poder interno se fragmentó y comenzó una disputa política que todavía está en desarrollo.
El cierre de un ciclo
La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores no borra el daño institucional, social y económico que vivió Venezuela durante estos años. Pero sí cierra un ciclo histórico: el de un poder que nació como continuidad política y terminó como un caso judicial internacional.
La historia aún se está escribiendo. Pero el 3 de enero de 2026 ya quedó marcado como el día en que el poder absoluto venezolano salió, literalmente, por la fuerza del país.























