Moana llega en acción real y la crítica la hunde: ¿se agotó la máquina de remakes de Disney?

El remake, protagonizado por Dwayne Johnson, es tan fiel al original que muchos lo llaman innecesario. Con un 36% en Rotten Tomatoes y una taquilla a la baja, Disney enfrenta una pregunta incómoda.

0
1
Moana | Foto: Cortesía Disney / HM Coms
Moana | Foto: Cortesía Disney / HM Coms

Moana volvió, ahora en carne y hueso, y en lugar de la fiesta que Disney esperaba, lo que se armó fue un debate. El remake en acción real de la aventura polinesia, conocido como Vaiana en algunos países, llega a los cines este fin de semana con Dwayne Johnson repitiendo como Maui. Pero las reseñas han sido duras, y la conversación dejó de ser sobre la película para volverse sobre algo más grande: si a la fábrica de remakes del estudio se le acabó la magia.

Lo que dice la crítica

Los números no mienten, y en este caso duelen. La película se estrenó con apenas un 36% de aprobación en Rotten Tomatoes, una cifra que la coloca peligrosamente cerca de los mayores fracasos en acción real de Disney, junto a títulos como el «Pinocho» de 2022 o «Alicia a través del espejo».

El reproche de los críticos es casi unánime: la cinta no se despega ni un centímetro de la original. Lo que en la versión animada de 2016 era un cuento de aventuras con alma, aquí se siente plano, sin riesgo, como una fotocopia cara. El director Thomas Kail, responsable de la versión filmada del musical Hamilton, se limitó a calcar el guion sin aportar nada nuevo. Ni siquiera el carisma de «La Roca» alcanzó para levantar la función, y algunos señalaron que sus tatuajes vivientes generados por computadora caen en el incómodo terreno del «valle inquietante».

Un remake que llegó demasiado pronto

Aquí está el corazón del problema, y la razón por la que a muchos les rechina. La Moana original no es un clásico viejo que pida una actualización. Se estrenó hace apenas diez años, sigue siendo un éxito, y tanto ella como su secuela de 2024 aún se ven sin parar en Disney+. La pregunta que se hacen críticos y fans es simple: ¿para qué rehacerla tan pronto?

A diferencia de otros remakes de cuentos más antiguos, este llega con la sensación de haberse adelantado una década. Y encima aterriza en un mal momento para Disney, justo después de que su versión de «Blancanieves» se pegara un batacazo. Dos golpes seguidos empiezan a dibujar un patrón.

No todo es naufragio

Seamos justos, porque no todo es negativo. La película tiene defensores, sobre todo entre el público familiar. Su mayor virtud es el apartado visual: trasladar a un entorno real un océano con conciencia propia era una tarea complicada, y el resultado es una delicia técnica, con el mar convertido casi en un personaje más. La química entre Dwayne Johnson y la debutante Catherine Laga’aia funciona, y la interpretación que ella hace de «Cuán lejos voy» en medio del mar embravecido promete ser la escena más comentada. Como homenaje a la cultura polinesia, además, la cinta cumple con creces. Muchos niños salieron encantados, y por el tirón de la marca, la recaudación global podría terminar siendo decente aunque el estreno se quede corto.

La pregunta incómoda para Disney

Más allá de si la película gusta o no, el estreno deja al estudio frente a un espejo. Disney lleva años convirtiendo sus clásicos animados en versiones de acción real, y desde «Maléfica», en 2014, encontró en esa fórmula una mina de oro. Apretó el acelerador y no lo soltó. El problema es que la mina empieza a dar señales de agotamiento.

El público parece cada vez más cansado de adaptaciones que no ofrecen nada más allá del efecto nostalgia. Es la misma historia contada igual, solo que con actores. Y mientras eso pasa, este mismo año hemos visto cómo películas originales, hechas con ideas nuevas, arrasaron por sorpresa en la taquilla. El mensaje del público suena cada vez más claro: la novedad emociona, la copia aburre. Quizás Moana, sin proponérselo, se convierta en la película que obligue a Disney a replantear toda su estrategia.

Al final, hay algo casi poético en todo esto. En 2016, el océano llamó a Moana y, con ella, a toda una generación que aún tararea sus canciones. Diez años después, este remake demuestra que hay cierta magia que no sobrevive a ser calcada. La aventura sigue siendo hermosa, pero ya la habíamos vivido, y mejor. Tal vez sea hora de que Disney, como la propia Moana, se atreva a navegar más allá del arrecife hacia aguas que todavía no conoce.