La Odisea, la adaptación de Christopher Nolan del poema de Homero, llega este 17 de julio a los cines de todo el mundo con una anécdota que lo dice todo: las entradas para sus funciones en IMAX 70mm se agotaron hace un año, en menos de una hora de preventa, cuando nadie había visto ni un fotograma terminado. La gente compró fe. Ahora que la crítica por fin vio la película, resulta que la fe estaba bien invertida: debutó con 98% en Rotten Tomatoes.
Lo que dicen los que ya la vieron
Variety escribe que la película emociona durante casi sus tres horas y que cada pocos minutos aparece una escena que sería el clímax de cualquier otro estreno de verano. Empire la llama un espectáculo de gran escala que nunca suelta el viaje emocional del protagonista. Y en IndieWire, David Ehrlich apunta algo más filoso: que a esta altura de la carrera de Nolan sería esperable la repetición, y sin embargo la película se siente fresca y urgente. Entre las primeras reacciones circula un elogio que resume el ánimo general mejor que cualquier estrella de calificación: no es que Hollywood ya no haga películas así, es que nadie las había hecho.
¿Y qué es lo que tanto celebran? Lo de siempre en Nolan, llevado más lejos. La fotografía de Hoyte van Hoytema —la cinta se filmó completa con cámaras IMAX, algo que no se había hecho nunca—, la música de Ludwig Göransson y un Matt Damon al que las reseñas le dan el crédito de sostener el peso mitológico sin solemnidad. Su Odiseo intenta volver a casa tras la guerra de Troya mientras Penélope (Anne Hathaway) gana tiempo tejiendo y destejiendo un sudario, y su hijo Telémaco (Tom Holland) sale a buscarlo. Completan Zendaya, Charlize Theron, Lupita Nyong’o, Robert Pattinson y Jon Bernthal. Elencos así ya no se juntan; este se juntó.
Los peros, porque los hay
No todo es incienso. Varias reseñas coinciden en que la película puede sentirse emocionalmente distante por momentos: hay tanto espectáculo, tan seguido, que cuesta entregarle el corazón a la historia. Otras avisan que la estructura exige atención constante —es Nolan, nadie debería sorprenderse a estas alturas—. Y desde la crítica latinoamericana llega el reproche más específico: que el tramo final se acerca demasiado al cine de acción moderno, una especie de John Wick en la Grecia antigua. Matices dentro de un aplauso general, pero sirven para calibrar: si esperas una experiencia contemplativa, no es eso. Es Homero a máxima velocidad.
La apuesta de fondo: tres mil años y ninguna franquicia
Este verano ha sido un curso acelerado de taquilla. El remake de Moana perdiendo más de 100 millones, el biopic de Michael Jackson entrando al club de los mil, Toy Story 5 arrasando. En medio de todo eso, La Odisea llega a probar la tesis más arriesgada del lote: que el público todavía paga —con un año de anticipación, en el formato más caro— por una historia de hace casi tres mil años, sin franquicia, sin secuela previa, sin más marca que el apellido del director. Nolan ya lo había insinuado con Oppenheimer. Si lo confirma este fin de semana, a los estudios les va a costar seguir explicando por qué solo apuestan sobre seguro.
Las salas IMAX llevan doce meses vendidas. Para el resto de nosotros, la fila empieza hoy.




















