Los números salieron este fin de semana y en Burbank nadie está celebrando. El remake en acción real de Moana debutó con 43 millones de dólares en Estados Unidos y 95 a nivel global, cuando Disney esperaba superar los 60 millones solo en el mercado doméstico. Con un presupuesto de 250 millones antes de sumar el marketing, fuentes citadas por Deadline calculan pérdidas de entre 100 y 125 millones de dólares. Para rematar, la crítica la recibió con el peor puntaje de todos los remakes de Disney en Rotten Tomatoes.
La reacción automática ha sido declarar, otra vez, la muerte de los remakes. Pero esa lectura tiene un problema: Lilo & Stitch se estrenó el año pasado, con la misma fórmula, y pasó de los mil millones. La fórmula no está muerta. Lo que falló aquí es otra cosa, y es más interesante.
La nostalgia necesita tiempo, y Disney no se lo dio
Hagan la cuenta conmigo. La Moana original es de 2016: diez años. Moana 2, la secuela animada, es de hace menos de dos años, y recaudó más de mil millones. Y la película original es, según los propios datos de la compañía, uno de los títulos más vistos de Disney+, disponible a un clic para cualquier familia con suscripción.
Es decir: Disney le pidió al público que pagara una entrada de cine por volver a ver una historia que nunca dejó de ver. No hay hueco para extrañarla. Compárenlo con Lilo & Stitch: más de veinte años de distancia, una generación entera de padres millennials queriendo llevar a sus hijos a conocer algo que fue suyo. Ahí la nostalgia había fermentado. Con Moana ni siquiera había empezado el proceso.
A eso se le sumó un calendario endiablado. La película llegó a pelear el verano contra Toy Story 5 y Minions & Monsters, todas cazando a las mismas familias el mismo mes. Las familias van al cine, sí, pero no tres veces en cuatro semanas.
¿Y La Roca?
Hay una conversación paralela, más incómoda, que la industria arrancó el lunes: si Dwayne Johnson sigue siendo garantía de taquilla. Durante quince años fue el actor más rentable y más omnipresente de Hollywood, casi siempre interpretando alguna versión de sí mismo. Puede que esa sobreexposición esté pasando factura, y este tropiezo llega en mal momento para él.
Aunque conviene ser justos con el reparto. Catherine Laga’aia, la joven que interpreta a Moana, ha sido de lo más elogiado de la película, y el público que sí fue al cine salió bastante contento: la cinta obtuvo una A- en CinemaScore, una nota que rara vez acompaña a un fracaso. La gente que la vio no la odió. Simplemente casi nadie sintió urgencia por verla.
Y esa es, al final, la frase que resume todo el asunto. Los remakes de Disney funcionan cuando devuelven algo que el público perdió. Este intentó venderle algo que todavía tiene puesto en la televisión de la sala. El estudio tiene varios proyectos similares en fila, así que la pregunta de los próximos meses no es si seguirá haciendo remakes —los hará—, sino si aprendió que el ingrediente principal no se fabrica. Se espera.




















