Fracasaron en el cine y hoy nadie las suelta: el extraño destino de las películas de culto

De Blade Runner a El gran Lebowski: la taquilla las enterró, el público las rescató. Esta es la historia de las películas que llegaron demasiado temprano a su propia fiesta.

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Blade Runner | Foto: Cortesía Facebook
Blade Runner | Foto: Cortesía Facebook

Hay películas que mueren en la taquilla y resucitan en el sofá de la gente. Pasa más seguido de lo que uno cree, y casi siempre por las mismas razones: mal marketing, mal momento, o un público que todavía no existía.

El caso más citado es Blade Runner. Se estrenó en 1982, dos semanas después de E.T., y el público que llenaba las salas quería llorar con un extraterrestre bueno, no preguntarse qué significa ser humano bajo la lluvia ácida de Los Ángeles. Fue un fracaso comercial. Hoy es material de estudio en escuelas de cine y su estética sigue apareciendo en videojuegos, series y publicidad. La película no cambió. Cambiamos nosotros.

Algo parecido le pasó a El gran Lebowski. Cuando los hermanos Coen la estrenaron en 1998, la crítica se encogió de hombros y la taquilla apenas cubrió el presupuesto. ¿Una comedia sobre un tipo en bata que solo quiere que le devuelvan su alfombra? Nadie sabía qué hacer con eso. Veinte años después existe un festival anual dedicado al Dude, con gente disfrazada de bata y lentes oscuros, bebiendo rusos blancos. Pocas películas exitosas pueden presumir algo así.

Por qué pasa esto

La respuesta corta: el cine se estrena para un fin de semana, pero se descubre durante décadas.

La taquilla mide una sola cosa: cuánta gente fue al cine en los primeros días. No mide si la película se queda en la cabeza, si se recomienda de boca en boca, si mejora en la segunda vista. Y las películas de culto suelen ser exactamente eso: obras que mejoran cuando las vuelves a ver, cuando las comentas, cuando las citas sin darte cuenta.

El videoclub hizo mucho por estas películas en los ochenta y noventa. El streaming hace lo mismo ahora, pero con esteroides. Una película olvidada puede volver a la conversación porque alguien la subió a una plataforma, un tiktoker la recortó en clips o un director famoso la mencionó en una entrevista. Jennifer’s Body, destrozada en 2009 por una campaña de marketing que la vendió como algo que no era, fue reivindicada diez años después como una sátira feminista adelantada a su tiempo. La reevaluación llegó tarde, pero llegó.

No todo fracaso es una joya escondida

Aquí conviene bajar un poco el entusiasmo. Por cada Blade Runner hay cientos de películas que fracasaron simplemente porque no eran buenas. El estatus de culto no es un premio de consolación automático; es algo que un grupo de espectadores construye con los años, viendo la película una y otra vez, defendiéndola en cenas familiares, prestando el DVD que nunca vuelve.

Eso es quizá lo más interesante del fenómeno: el culto no lo decide la industria. Lo decide la gente. Los estudios pueden gastar millones en convencerte de que una película es un evento, pero no pueden fabricar esa lealtad rara que hace que alguien vea The Room —posiblemente la peor película jamás filmada— por décima vez, con amigos, lanzando cucharas de plástico a la pantalla.

La moraleja, si es que hay una

La próxima vez que una película se estrelle en taquilla, no la den por muerta. A veces solo llegó temprano a una fiesta que empieza en veinte años. Y si tienen una película favorita que nadie más entiende, tranquilos: puede que no estén equivocados. Puede que solo estén adelantados.