La doble vida de Mariah Carey: el álbum grunge que grabó a escondidas en 1995 por fin está saliendo del escondite

De día grababa "Fantasy" y "Always Be My Baby". De noche, con su banda y bajo un alias, escupía canciones de rabia que su disquera enterró. La historia de "Someone's Ugly Daughter" tardó 25 años en conocerse, y ella misma ha empezado a desenterrarla, canción por canción.

0
1
Mariah Carey | Foto: Markus Klinko AndIndrani (Cortesía prensa)
Mariah Carey | Foto: Markus Klinko AndIndrani (Cortesía prensa)

En 1995, Mariah Carey era la artista pop más grande del planeta y también, sin que nadie lo supiera, la líder enmascarada de una banda de rock alternativo. No es una metáfora. Mientras el mundo esperaba Daydream —el disco de «Fantasy», «One Sweet Day» y «Always Be My Baby», uno de los más vendidos de la década—, Carey grababa en secreto un álbum grunge completo que su discográfica se encargó de esconder tan bien que pasó 25 años sin que casi nadie supiera que existía.

El disco se llama Someone’s Ugly Daughter, la banda se llamaba Chick, y la historia de cómo nació, cómo lo enterraron y cómo está volviendo es de las mejores que ha dado la música pop en mucho tiempo.

Y tiene un final pendiente: según un reporte del diario británico The Sun de diciembre, de fuente anónima y sin confirmación oficial, vale aclararlo desde ya, el sello planearía lanzarlo en la segunda mitad de 2026. Rumor o no, los movimientos de la propia Carey apuntarían en esa dirección.

Las noches secretas del Hit Factory

Los hechos, primero. Durante las sesiones de Daydream en el estudio Hit Factory de Nueva York, Carey trabajaba jornadas de 14 horas puliendo el pop meticuloso que se esperaba de ella. Cuando el reloj pasaba la medianoche, el estudio cambiaba de personalidad. Según contó a Rolling Stone su productor de toda la vida, Dana Jon Chappelle, el equipo entero se transformaba en una banda de rock improvisada: el programador Gary Cirimelli agarraba la guitarra, el productor Walter Afanasieff —el mismo que coescribió «All I Want for Christmas Is You»— se pasaba a la batería y los teclados, y un miembro del equipo de management tomaba el bajo. Carey llegaba tarareando un riff, la banda lo levantaba al vuelo y lo grababan ahí mismo.

En su libro de memorias de 2020, The Meaning of Mariah Carey, ella explicó qué había detrás del juego. Atravesaba uno de los periodos más oscuros de su vida personal —su matrimonio con Tommy Mottola, el ejecutivo de Sony que controlaba su carrera y, según ha contado ella misma, buena parte de su existencia— y describió aquellas sesiones como una válvula: estaba llena de rabia y necesitaba desahogarse. El personaje que inventó para canalizarla era una chica gótica de pelo oscuro, atormentada y burlona a la vez, su propio experimento a lo Ziggy Stardust. Carey escribió que jugaba con el estilo de las cantantes de grunge ligero que dominaban la época, esas que podían permitirse estar enojadas y despeinadas mientras cada aparición suya tenía que ser calculada y perfecta. El disco era su manera de romperse el molde sin que nadie la viera.

Quien haya escuchado los fragmentos entiende la referencia enseguida: las canciones suenan a Hole, a Veruca Salt, a Letters to Cleo, con títulos como «Hermit», «Love Is a Scam» o «Prom Queen» y hasta una versión de «Surrender» de Cheap Trick. Rabia, ironía y guitarras sucias, escritas y producidas por la misma mujer que ese año rompía récords con baladas.

Cómo se entierra un disco

Aquí es donde la historia se pone amarga. El plan era publicar el álbum bajo el anonimato de la banda, pero cuando Sony se enteró, cortó por lo sano: Mariah no podía aparecer como vocalista principal. La voz de la estrella era demasiado reconocible y el riesgo para su imagen de princesa del pop, inaceptable. La solución fue quirúrgica y cruel a la vez: su amiga y coautora Clarissa Dane grabó las voces principales, y las de Carey quedaron sepultadas en los coros —ella misma las describió después como una capa escondida. Así, Someone’s Ugly Daughter se publicó en 1995 en 550 Music, un sello del propio grupo Sony, sin promoción y sin que nadie supiera lo que tenía entre manos. Pasó tan desapercibido como se pretendía.

Carey dejó una sola pista a la vista de todos, y tardamos años en leerla: Bianca, la villana de pelo oscuro que interpreta en el video de «Heartbreaker» de 1999, era una versión de aquel alter ego gótico. Estuvo ahí siempre, guiñando el ojo.

La revelación, el rescate y el 2026

El secreto duró un cuarto de siglo. En septiembre de 2020, Carey lo contó por primera vez en sus memorias y en un tuit que hizo explotar a sus fans: hizo un disco alternativo durante Daydream, escribió, por diversión, y la ayudó a atravesar días oscuros. La confesión convirtió al CD de Chick en objeto de culto instantáneo y disparó la pregunta obvia: ¿dónde está la versión con su voz?

Ella misma se puso a buscarla. En 2025 contó en un podcast que estaba rastreando las grabaciones con sus voces principales intactas para poder publicarlas, y en el otoño empezó el destape: en su conversación con SZA para Apple Music reprodujo por primera vez «Hermit» y «Love Is a Scam» con su voz al frente —y de paso confirmó que la portada original, con lápiz labial corrido, una cucaracha muerta y la marca de un beso, fue toda idea suya—, y días después dejó que Jimmy Fallon pusiera un pedazo de «Prom Queen» en su programa. A SZA le resumió lo que significó el disco con una frase que explica todo el asunto: le permitió sentirse libre cuando todavía no lo era en su vida.

Con ese terreno abonado llegó el reporte de The Sun: el lanzamiento oficial de Someone’s Ugly Daughter, planeado para la segunda mitad de 2026. Conviene decirlo con precisión periodística: es información de una fuente anónima citada por un tabloide, sin anuncio oficial de fecha todavía. Pero encaja con todo lo demás —la búsqueda de las cintas, los adelantos calculados en Apple Music y Fallon, el apetito evidente de los fans— y estamos, desde este mes, dentro de la ventana anunciada.

Por qué esta historia importa más que la curiosidad

Sería fácil archivar esto como una rareza simpática de los noventa, y sería un error. Lo que cuenta Someone’s Ugly Daughter es la historia de una artista en la cima absoluta del éxito que necesitaba un disfraz para poder decir lo que sentía, y de una industria que prefirió enterrar un disco antes que dejar que su producto más rentable mostrara una grieta. Treinta años después, la mujer que tuvo que esconderse en los coros de su propio álbum es dueña de su catálogo, de su narrativa y de la decisión de sacarlo a la luz. Pocas veces el paso del tiempo hace justicia tan redonda.

Y hay un detalle final que los fans llevan meses señalando: escuchados hoy, aquellos demos suenan adelantados —ese pop-punk femenino, irónico y furioso que explotaría en los 2000 ya estaba ahí, grabado de madrugada por la persona de quien menos se esperaba. Si el disco finalmente sale este año, no llegará como una reliquia. Llegará como la prueba de que la doble vida de Mariah Carey era, también, una visión.