A seis días de que el Mundial 2026 arranque oficialmente en el Estadio Azteca, Diego Luna llega a Netflix con una película que pocos en la FIFA querían que estuviera circulando esta semana. Se llama «México 86», la dirige Gabriel Ripstein (productor ganador del Óscar por «Una Mujer Fantástica»), y se estrena oficialmente el 5 de junio de 2026.
Es una sátira sobre cómo México se convirtió, contra todo pronóstico, en sede del Mundial de 1986 tras la renuncia inesperada de Colombia. Y, dependiendo de cómo se mire, es también un ajuste de cuentas con uno de los episodios más oscuros de la historia del fútbol moderno.
Que la película llegue exactamente seis días antes del Mundial no es casualidad. Es una jugada de marketing perfectamente sincronizada, posible solo porque la cinta venía cocinándose desde hace varios años y Netflix decidió guardarla para el momento de máxima atención global posible. El 11 de junio, cuando arranque el partido inaugural en el Estadio Azteca, México entero estará hablando de fútbol. Y un porcentaje importante también estará hablando, sin querer, de cómo la FIFA se comporta cuando las cosas se complican.
De qué se trata «México 86»
La trama es la siguiente. En 1982, Colombia había sido elegida como sede del Mundial de 1986. El presidente colombiano de entonces, Belisario Betancur, renunció a la organización en noviembre de ese año debido a problemas económicos y políticos internos. La FIFA, que tenía la copa del mundo programada para junio del 86, se quedó sin anfitrión. Y entonces ocurrió algo que cambió la historia del fútbol: México, que ya había sido sede en 1970, presentó una candidatura insólita y, contra Estados Unidos y Canadá, terminó ganando. Ganó pese a tener menos infraestructura. Ganó pese a las objeciones de varios miembros del comité. Ganó pese a que, según múltiples investigaciones posteriores, la designación implicó negociaciones entre el gobierno del PRI y figuras clave del comité internacional.
La película de Ripstein y Luna no es un documental. Lo dejaron claro desde el inicio. «La película empieza diciendo que algunas de estas cosas son ciertas», dijo Diego Luna en la presentación oficial. Es una sátira. Pero es una sátira basada, según el propio actor, en investigaciones reales, leyendas urbanas y testimonios cruzados. El personaje principal, Martín de la Torre, interpretado por Luna, es un aficionado del fútbol con un talento especial para resolver problemas imposibles. Es ficticio. Pero todo lo que rodea su misión, según los guionistas, sale de archivos reales.
El elenco que la sostiene
Junto a Diego Luna están Karla Souza, Daniel Giménez Cacho y un elenco de actores mexicanos de primer nivel. Karla Souza, ganadora del Ariel y conocida internacionalmente por su trabajo en «How to Get Away with Murder», juega un papel pivotal. Daniel Giménez Cacho, uno de los actores mexicanos más respetados de los últimos 30 años, completa el triángulo. Y todos ellos están bajo la dirección de Gabriel Ripstein, hijo del legendario director Arturo Ripstein y figura clave del cine mexicano contemporáneo desde su producción de «Una Mujer Fantástica» (Óscar a Mejor Película Extranjera en 2018).
La producción está a cargo de la compañía La Corriente del Golfo, fundada por Diego Luna y Gael García Bernal en 2005. La misma productora que ha estado detrás de proyectos como «Mr. Lewis», «Cassandro» (Amazon Prime Video) y varios documentales premiados internacionalmente.
La frase de Diego Luna sobre la FIFA
Durante la presentación oficial del filme, Luna soltó una declaración que ya está circulando en redes sociales y que probablemente va a definir buena parte de la conversación de la película en las próximas semanas. Cuestionó directamente la credibilidad de la FIFA, sin entrar en detalles específicos pero dejando claro que ve paralelismos entre lo que pasó en 1986 y lo que está pasando ahora. La declaración llega a pocos días de que se confirmara oficialmente que Donald Trump asistirá al sorteo del Mundial 2026 y de que el presidente Gianni Infantino anunciara cambios de protocolo para el partido inaugural en el Azteca.
Luna no es ingenuo. Sabe que cuando un actor mexicano critica a la FIFA seis días antes del Mundial, está jugando con fuego. Pero también sabe que su película, exactamente por eso, va a tener exposición masiva. Cada periodista deportivo del mundo va a querer saber qué dice. Cada futbolista que vio crecer la película va a tener opinión. Y cada espectador de Netflix que reciba la notificación del estreno va a darle play, aunque sea por curiosidad.
Hugo Sánchez no quedó contento
La controversia ya empezó. Hugo Sánchez, exfutbolista mexicano y figura legendaria del Mundial de 1986, criticó públicamente la manera en la que es representado dentro de la película. Las críticas específicas no han trascendido del todo, pero el ex jugador del Real Madrid sí ha dicho en entrevistas que la película «no representa bien» lo que pasó en aquel momento. Diego Luna, en su respuesta, fue diplomático pero firme: «No es un documental. La película empieza diciendo que algunas de estas cosas son ciertas. Hay sátira, hay humor, hay decisiones artísticas».
La defensa de Luna es coherente con lo que él mismo ha repetido en cada entrevista promocional: que la película usa la sátira como herramienta para narrar entresijos del poder. Sus referencias estéticas, según ha mencionado, son películas como «Wag the Dog» (1997) o trabajos del propio cine satírico mexicano de los años 80 y 90. No es una biopic. No es un thriller político serio. Es algo más cercano al cine de humor negro político que ha funcionado en festivales como Cannes y Sundance en los últimos años.
El contexto histórico que pesa
Vale la pena recordar lo que estaba pasando en México en 1986. El país acababa de sufrir el terremoto de septiembre de 1985, una de las tragedias urbanas más devastadoras de la historia mexicana, con más de 10 mil muertos y zonas enteras de la Ciudad de México reducidas a escombros. La pregunta sobre si México estaba en condiciones de organizar un Mundial era legítima. Y, sin embargo, la FIFA mantuvo la sede. La economía del país, en plena crisis de la deuda externa, hacía aún más cuestionable la decisión. Y el gobierno del PRI, que llevaba décadas en el poder bajo acusaciones recurrentes de corrupción, vio en el Mundial una oportunidad de proyección internacional para distraer la atención de problemas estructurales.
La película toca todos estos puntos sin pedir disculpas. Como dijo Karla Souza en una entrevista, «hay un momento en la película donde mi personaje ve lo roto que está el país en ese momento y la dualidad que su esposo no ve». Esa es la tensión central del filme: la fiesta del fútbol contra la realidad social del país que lo organiza. Y esa, exactamente, es la tensión que muchos en México están viviendo otra vez en 2026, con un país que se prepara para el Mundial mientras lidia con la violencia, la migración y las tensiones políticas con Estados Unidos.
Por qué este estreno importa más allá del fútbol
Hay algo que conviene mencionar para entender el peso editorial real de «México 86». No es una película hecha para el público masivo norteamericano. Es una película hecha por mexicanos, sobre México, con una mirada profundamente mexicana. Y, al colocarla en Netflix justo antes del Mundial, Luna y Ripstein están metiendo una pieza de cine latinoamericano de autor en la conversación global del momento deportivo más importante del año. Eso es estratégicamente brillante. Y, en términos del cine mexicano contemporáneo, casi inédito.
Para Diego Luna, en particular, este estreno es un punto interesante de su carrera. Después de «Andor» (la serie de Star Wars donde interpreta a Cassian Andor y por la que ganó nominación al Emmy), del éxito de «Cassandro» y de su trabajo continuo como productor, «México 86» es probablemente la película más política y más personal de los últimos años. No es por casualidad que la haya hecho. Y no es por casualidad que la esté presentando con tanta convicción.
Lo que queda
«México 86» se estrena en Netflix el 5 de junio de 2026 a nivel global. Antes del estreno en plataforma, la película tuvo proyecciones especiales en la Cineteca Nacional de las Artes y la Cineteca Chapultepec, lo cual le dio cierto prestigio de festival que Netflix no suele otorgar a sus producciones. Y a partir del 11 de junio, cuando el Mundial arranque oficialmente, la película va a competir por la atención del público con cada partido, cada gol, cada controversia arbitral.
Para Diego Luna, eso es exactamente lo que quería. Una sátira sobre cómo se gana un Mundial, justo cuando otro Mundial empieza. Una jugada de timing perfecta. Y un recordatorio, en plena fiebre futbolística, de que detrás de cada celebración deportiva siempre hay otra historia más interesante que vale la pena contar.
A la FIFA quizás no le guste. A Hugo Sánchez tampoco. A Netflix le va a encantar.
Y a millones de espectadores latinoamericanos, probablemente también.





















