La cifra que García Márquez se inventó es hoy el argumento de quienes niegan la masacre de las bananeras

Laura Mora, directora de la segunda parte de «Cien años de soledad», dijo esta semana que lo de Ciénaga «se ha querido borrar». No habla en abstracto. Hay un antecedente concreto en el Congreso colombiano y una contradicción que casi nadie cuenta entera.

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Cien Años de Soledad Temporada 2 | Foto cortesía Netflix
Cien Años de Soledad Temporada 2 | Foto cortesía Netflix

Los siete episodios ya están en Netflix. El lunes escribimos aquí que lo único que esta temporada se jugaba de verdad era el pasaje de las bananeras, y que todo dependía de cómo lo resolvieran.

La directora contestó antes que la serie.

Mora habló primero

En declaraciones de esta semana, Laura Mora fue frontal sobre el clima político que rodea al libro. Dijo que en Colombia no es un secreto que a cierto sector de la derecha la novela le incomoda muchísimo, y que por eso se han dicho cosas muy desafortunadas sobre ella y sobre su autor.

Después agregó lo importante: que se ha repetido mil veces que la masacre de las bananeras es un invento de García Márquez, cuando hoy se sabe que fue real y que se ha querido borrar.

Mora también contó que ella lee la novela más como poesía que como magia, lo cual explica bastante del tono de esta parte, mucho más terrestre que la primera.

Con eso basta para entender qué tipo de secuencia filmaron. No una escena de impacto. Una toma de posición.

El antecedente que Mora no nombró

Ella no dio nombres. No hace falta.

En noviembre de 2017, la entonces representante a la Cámara María Fernanda Cabal, del Centro Democrático, dijo en La W que la masacre de las bananeras era otro de los mitos históricos de la narrativa comunista, y que García Márquez había creado el relato de los tres mil trabajadores asesinados. Su razonamiento fue que hoy sería imposible reunir a tres mil trabajadores en el Magdalena, y que hace noventa años lo era todavía más.

No se retractó cuando le cayó encima la reacción. Publicó un video insistiendo en que aquello no fue una masacre sino una confrontación armada, que el sindicato estaba infiltrado por la Internacional Comunista y que hubo bajas de los dos lados, tal vez más del Ejército.

Historiadores y académicos respondieron en bloque. Varios compararon el planteamiento con el negacionismo del Holocausto. El asunto volvió a encenderse en 2020 y reaparece cada tanto desde entonces.

Ese es el terreno sobre el que Netflix acaba de estrenar siete episodios.

Gabo se inventó el número y lo admitió

En una entrevista de televisión en 1990, García Márquez contó que mandó a averiguar cuántos habían muerto, que la cifra real le pareció demasiado pequeña para lo que estaba construyendo, y que eligió tres mil porque era lo que cabía en las proporciones del libro. Cerró diciendo que la leyenda ya se había establecido como historia.

Acertó, y ahí empieza el enredo.

Ese número inflado es justo la herramienta que necesita el negacionismo. Se ataca la cifra para tumbar el hecho. Como los tres mil no se sostienen, se concluye que nada se sostiene. El truco es viejo y funciona porque la parte falsa de la frase se puede verificar.

Que la cifra sea de ficción no vuelve ficción la masacre. Son dos cosas distintas y hay que decirlas juntas o no decirlas.

El expediente

El 6 de diciembre de 1928, en la plaza de Ciénaga, el Ejército disparó contra trabajadores en huelga de la United Fruit Company. Entre historiadores eso no se discute.

Lo que se discute es cuántos murieron. El general Carlos Cortés Vargas, que dio la orden, reportó 47. El historiador Mauricio Archila encontró en el Archivo Nacional de Washington y en prensa extranjera versiones que superan el millar, una magnitud que también maneja una comunicación confidencial del embajador estadounidense Jefferson Caffery al Departamento de Estado, fechada el 15 de enero de 1929.

Hay además crítica académica seria que no es negacionismo y conviene separarla. En 1998, Eduardo Posada Carbó sostuvo que la cifra de la novela era imprecisa y que la ficción había calado demasiado hondo entre los historiadores. Esa es una discusión de método sobre el número. No sobre si hubo muertos.

Ciénaga, buscada en Google

Julián Román interpreta a los dos gemelos en esta parte, y él mismo describió a José Arcadio Segundo como la voz de los que fueron olvidados o invisibilizados. Coincide punto por punto con lo que dijo la directora, así que la lectura estaba acordada desde el guion.

No creo que una serie le cambie la opinión a nadie. Rara vez pasa.

Lo que sí va a pasar es más simple y se puede medir. Millones de personas que nunca habían oído el nombre de Ciénaga lo van a escuchar esta semana, se van a preguntar si aquello ocurrió, y al buscarlo se van a topar con el cable del embajador, con el informe del general y con noventa y ocho años de discusión sin cerrar.

Eso ya es más de lo que tenían el martes.