Estrellas infantiles que murieron jóvenes: lo que Hollywood arregló y lo que sigue igual

Hayden Panettiere empezó a trabajar a los once meses de vida y murió a los 36. Su historia se parece a muchas otras, y no por casualidad ni por maldición. Hay una ley de 1939 que explica bastante, empezando por lo que nunca cubrió.

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Daveigh Chase | Foto: Cortesía Youtube / Daveigh Chase - wikimedia commons
Daveigh Chase | Foto: Cortesía Youtube / Daveigh Chase - wikimedia commons

Cada vez que muere joven alguien que fue niño actor, alguien saca la palabra maldición. Es cómoda y no explica nada.

Detrás hay un oficio. Un trabajo que se empieza antes de saber leer, en el que un menor sostiene económicamente a su familia, con adultos que dependen de que él siga trabajando, sin colegio normal, sin amigos de su edad y con su vida privada convertida en material de prensa desde la infancia.

Son condiciones laborales, no mala suerte.

La ley que se escribió para el dinero

En 1919, Charlie Chaplin descubrió a un niño de cuatro años llamado Jackie Coogan y lo puso en «El chico». Coogan fue la primera gran estrella infantil del cine y llegó a ganar unos cuatro millones de dólares, una fortuna descomunal para la época.

A los 21 se enteró de que su madre y su padrastro se lo habían gastado casi todo. Bajo la ley de California de entonces, ese dinero les pertenecía a ellos legalmente.

Coogan los demandó. Recuperó unos 126 mil dólares después de pagar abogados.

De ese pleito salió en 1939 la Ley Coogan, que obliga a los empleadores a apartar el 15% de lo que gana un menor en un fideicomiso al que solo accede al cumplir los 18. Se ha reformado varias veces, sobre todo en 2000, cuando quedó establecido que ese dinero es del niño y de nadie más.

La ley funciona. Protege el dinero, que era exactamente lo que le pidieron que protegiera.

Los casos

Judy Garland tenía diecisiete años cuando hizo «El mago de Oz». Contó después que en MGM le daban anfetaminas para mantenerla despierta y delgada, y pastillas para dormir cuando terminaba la jornada. Murió a los 47, en 1969, por una sobredosis accidental de barbitúricos.

Anissa Jones fue Buffy en «Family Affair», una de las series más vistas de los sesenta. Recibió su fideicomiso al cumplir los 18 y murió meses después, en 1976, por una sobredosis. Tenía 18 años.

River Phoenix llevaba una década trabajando cuando murió en 1993, a los 23, por una sobredosis. Venía de una nominación al Óscar por «Un lugar en ninguna parte».

Jonathan Brandis fue el rostro de «SeaQuest DSV» en los noventa y recibía miles de cartas de fans a la semana. Murió por suicidio en 2003, a los 27.

Brad Renfro debutó a los once años en «El cliente», junto a Susan Sarandon y Tommy Lee Jones. Pasó años entrando y saliendo de tribunales y de rehabilitación. Murió en 2008, a los 25.

Corey Haim fue una de las caras adolescentes de los ochenta y habló públicamente de haber sufrido abuso en la industria siendo menor. Murió en 2010, a los 38, de neumonía.

Lee Thompson Young protagonizó «The Famous Jett Jackson» para Disney a los quince años. Vivía con trastorno bipolar. Murió por suicidio en 2013, a los 29.

Aaron Carter grabó su primer disco a los nueve años y giró como telonero de Backstreet Boys, la banda de su hermano. Murió en 2022, a los 34, por ahogamiento con presencia de sustancias.

Y ahora Hayden Panettiere, que empezó a los once meses, trabajó tres décadas y murió el domingo a los 36. La causa todavía no se ha establecido.

Los que no encajan en el relato

El patrón tiene excepciones que importan.

Cameron Boyce, de «Descendientes», murió en 2019 a los 20 años por una convulsión relacionada con epilepsia. Naya Rivera, que empezó en televisión de niña y llegó a «Glee», murió ahogada en 2020, a los 33, salvando a su hijo.

Ninguno de esos dos casos tiene que ver con adicción ni con la industria. Fueron una enfermedad y un accidente.

Meterlos en la misma bolsa sería deshonesto, y esa es la trampa de las listas de este tipo. Cuando uno decide que hay un patrón, empieza a ver patrón en todo.

Lo que sí cambió

Los que sobrevivieron han hecho más por el tema que cualquier estudio.

Jennette McCurdy, de «iCarly», publicó en 2022 un libro sobre su madre y sobre lo que vivió trabajando de niña que se volvió un éxito enorme y cambió la conversación. Alyson Stoner, que empezó bailando en videos de Missy Elliott a los ocho años, lleva años documentando el costo del oficio y proponiendo protocolos concretos. Mara Wilson, de «Matilda», escribe sobre lo mismo desde hace más de una década.

Y en septiembre de 2024, Demi Lovato, que empezó en Disney Channel, estuvo parada al lado del gobernador de California cuando firmó dos leyes nuevas.

Las leyes de 2024

La Ley Coogan cubría a actores, cantantes y bailarines contratados por estudios. Dejaba fuera a los niños que aparecen en canales de YouTube familiares y a los que trabajan como creadores en TikTok, que hoy son muchísimos y a veces sostienen a toda la casa.

La AB 1880 extendió la Ley Coogan a los menores que trabajan como creadores de contenido en plataformas. La SB 764, llamada Ley de Derechos del Creador de Contenido Menor de Edad, obliga a quien publique contenido monetizado donde un menor aparezca en al menos el 30% del material a apartar una parte de las ganancias en un fideicomiso. Las dos entraron en vigor el 1 de enero de 2025. Illinois y Minnesota habían hecho algo parecido antes.

Es un avance real y va a evitar muchos casos como el de Jackie Coogan.

Fíjense en qué resuelve. El dinero, otra vez.

Lo que nadie ha regulado

No existe ninguna ley que limite cuánta atención pública puede recibir un menor. Ninguna que obligue a evaluar su salud mental durante una producción. Ninguna que impida que un guionista use la vida real de una actriz de veintitantos como material para su personaje, como le pasó a Panettiere en «Nashville».

Ochenta y siete años después de Jackie Coogan seguimos protegiendo la cuenta bancaria.

El resto depende de qué familia le tocó al niño.

Si tú o alguien cercano atraviesa un momento difícil, en Estados Unidos puedes llamar o enviar un mensaje al 988, la línea de prevención del suicidio y crisis, con atención en español presionando el 2. Para consumo de sustancias, la línea nacional de SAMHSA es 1-800-662-4357. Las dos son gratuitas y funcionan las 24 horas.