Hace unos días caminaba por una calle del barrio de Doral, al oeste de Miami, donde vivo, y noté algo que me pareció digno de anotarse. Los restaurantes hispanos estaban llenos. No medio llenos. Llenos a tope. Y eran las cinco de la tarde de un lunes, un horario donde habitualmente esos lugares andan a media máquina. En la entrada de un restaurante peruano me crucé con el dueño, un señor que conozco hace años, y le pregunté qué pasaba. Me respondió con una sonrisa: «chamo, esto es el Mundial. Está siendo nuestro mejor mes en una década».
Conviene anotar esa frase. Porque no es exageración. Es exactamente lo que está pasando en buena parte de Estados Unidos en estos primeros días de junio de 2026. El Mundial 2026, jugado mayoritariamente en suelo estadounidense con sedes en once ciudades distribuidas a lo largo y ancho del país, se está convirtiendo en uno de los movimientos económicos más grandes para el comercio hispano en una década. Y los números, mirados con calma, son apabullantes.
Vamos por partes.
El número que lo cambia todo: 4,1 billones de dólares
Si hay un dato que vale la pena empezar a citar en todas las conversaciones sobre el Mundial, es este. El poder adquisitivo combinado de los hispanos en Estados Unidos alcanzó 4,1 billones de dólares en 2025, según el Latino Donor Collaborative. Cuatro coma uno billones. Para que se entienda: si los hispanos en Estados Unidos fueran un país, serían la quinta economía más grande del mundo. Más grande que India. Más grande que Reino Unido. Más grande que Francia. Solo por detrás de Estados Unidos (la economía completa), China, Alemania y Japón.
Y esa economía hispana, conviene anotar, ha crecido a un ritmo que duplica el promedio nacional estadounidense. Mientras el PIB general del país creció moderadamente, la economía hispana creció a tasas anuales del 4 o 5 por ciento, impulsada por una demografía joven, una inmigración constante de talento y un consumo familiar muy alto. Los hispanos somos hoy aproximadamente el 20 por ciento de la población estadounidense (unos 65 millones de personas) y, según el Censo, somos el segundo grupo étnico de mayor crecimiento del país después de los asiático-americanos.
Eso, en términos prácticos, significa una cosa: cualquier evento que conecte emocionalmente con la cultura hispana, va a generar movimientos de consumo gigantes. Y el fútbol, evidentemente, es lo que más conecta con nosotros.
El dato que confirma la sospecha: 48 por ciento de hispanos planea seguir el Mundial
Un estudio publicado hace pocos días (citado por Solo Dinero y otras plataformas especializadas en consumo) reveló que el 48 por ciento de los hispanos en Estados Unidos planea seguir activamente el Mundial 2026. Es decir, prácticamente la mitad de los 65 millones de hispanos del país. Hablamos de alrededor de 31 millones de personas comprometidas con ver el torneo, comprar productos relacionados, organizar reuniones familiares, decorar sus casas, comprar jerseys, salir a bares.
El dato se vuelve aún más interesante cuando uno baja la mirada a las ciudades específicas. En Miami, el 69 por ciento de los hispanos planea seguir el Mundial. En Chicago, el 63 por ciento. En Houston, el 61 por ciento. Tres ciudades, tres mercados gigantes, tres porcentajes que ningún otro segmento demográfico se acerca a registrar para un solo evento deportivo.
Y eso tiene consecuencias económicas directas. Restaurantes hispanos llenos. Supermercados latinos vendiendo más cerveza, más botana, más carne para asar. Tiendas de electrónicos vendiendo más televisores y barras de sonido. Servicios de streaming sumando suscriptores hispanos. Aerolíneas reportando picos en rutas Houston-México-Bogotá-Buenos Aires-Caracas. Todo el ecosistema se está moviendo de una manera que pocas veces se había visto.
Las once ciudades anfitrionas y el efecto multiplicador
Para entender por qué este Mundial tiene un efecto tan grande sobre el comercio hispano (más grande que cualquier Mundial anterior, incluyendo USA 1994), conviene mirar el mapa. Las once ciudades estadounidenses anfitrionas son: Atlanta, Boston, Dallas, Houston, Kansas City, Los Ángeles, Miami, Nueva York/Nueva Jersey, Filadelfia, San Francisco Bay Area y Seattle. Si uno revisa esa lista con calma, descubre algo: la mayoría de esas ciudades coinciden con los mercados hispanos más grandes del país.
Houston, Los Ángeles, Miami, Dallas, Nueva York. Cinco de las once sedes son ciudades donde la población hispana representa entre el 30 y el 65 por ciento de los habitantes. Eso quiere decir que la FIFA, sin proponérselo explícitamente, distribuyó el Mundial sobre el mapa del consumidor hispano norteamericano. Y los gobiernos locales lo saben. Y las marcas lo saben. Y los emprendedores hispanos lo están aprovechando.
El impacto económico proyectado por ciudad es enorme. Filadelfia, según una consultora citada por ABC News, espera 770 millones de dólares de impacto económico, lo que sería «el mayor impulso financiero de un solo evento en la historia de Filadelfia». Nueva York y Nueva Jersey estiman más de 3 mil millones de dólares de impacto económico y 1,2 millones de visitantes durante el torneo. Hoteles en Kansas City rondan los 400 dólares por noche durante los días de partidos. Y las entradas más baratas para fase de grupos parten de 60 dólares, llegando a más de 1.000 dólares para partidos importantes.
El gasto total estimado de los visitantes solo en restaurantes, bares y hoteles durante el torneo, según un estudio elaborado por Forbes y la Organización Mundial del Comercio, es de 2.400 millones de dólares. Y conviene anotar que ese cálculo no incluye gastos en tiendas, transporte interno, productos de consumo masivo ni servicios digitales. El número real va a ser bastante más grande.
Modelo Especial: el caso de estudio perfecto
Quiero detenerme en un caso concreto que ilustra mejor que ninguna teoría lo que está pasando. Modelo Especial, la cerveza mexicana de Constellation Brands, superó a Bud Light en 2023 y se convirtió en la cerveza más vendida de Estados Unidos. Para los que llevamos años viendo el mercado norteamericano, ese cambio es histórico. Bud Light reinó durante décadas. Era la cerveza norteamericana por excelencia. Y, sin embargo, en cuestión de tres o cuatro años, una cerveza mexicana le quitó el trono.
Más del 50 por ciento de los consumidores de Modelo son hispanos, según declaró el director ejecutivo de Constellation Brands, Bill Newlands, en una presentación de resultados de 2024. Es decir, la marca creció apoyada en el consumidor hispano. Y, con el Mundial 2026 en curso, las ventas de Modelo están proyectadas para aumentar significativamente entre junio y julio de este año.
No solo Modelo. Corona, Tecate, Dos Equis, Pacífico, Negra Modelo, Indio, todas las marcas mexicanas del portafolio de AB InBev y Constellation Brands están viviendo un momento extraordinario. Los analistas de Jefferies, citados por Bloomberg en abril de este año, estimaron que el Mundial 2026 va a impulsar las ventas globales de cerveza en aproximadamente mil millones de pintas (unos 568 millones de litros), gran parte de ese consumo concentrado en Estados Unidos y México, gran parte de las marcas beneficiadas siendo mexicanas. Una cifra histórica.
Los restaurantes latinos: el otro gran ganador
Si las cerveceras mexicanas están viviendo su mejor momento, los restaurantes latinos no están atrás. Conviene anotar que en Estados Unidos hay aproximadamente 62 mil restaurantes mexicanos, peruanos, cubanos, colombianos, argentinos, venezolanos, salvadoreños y dominicanos, según datos del National Restaurant Association de 2024. La gran mayoría son pequeños negocios familiares, ubicados en barrios hispanos de las ciudades anfitrionas del Mundial.
Y todos están viendo crecimientos importantes en consumo durante junio. Las arepas en Doral. Los tacos en Houston. Los empanadas en Queens. Las pupusas en Los Ángeles. Las parrillas argentinas en Miami. Todo se está vendiendo más. El restaurante peruano del que les conté al principio, según el dueño que me habló, lleva tres semanas con reservas completas para todos los días que hay partidos importantes. Y eso, en una industria donde los márgenes son ajustados y donde muchos negocios sobreviven mes a mes, es la diferencia entre un buen año y un año extraordinario.
Para entender mejor la magnitud, basta con mirar lo que está pasando en otros países hispanohablantes. En Colombia, la Asociación de Bares y Restaurantes (Asobares) proyecta ingresos adicionales de 656 mil millones de pesos durante el torneo, lo que representa un crecimiento del 23,5 por ciento frente a las ventas habituales. En Ecuador, se proyecta un crecimiento del 10 por ciento en las ventas de junio, con alrededor de 2.340 millones de dólares adicionales en consumo. En México, las ventas de cerveza aumentarán un 20 por ciento durante el torneo. Si esas son las cifras en países donde el evento no se juega físicamente, imagínese el efecto multiplicador en Estados Unidos, donde sí se juega y donde la comunidad latina es enorme.
Las marcas globales que están leyendo bien el momento
Una cosa que vale la pena anotar es la velocidad con la que las marcas globales están leyendo el momento hispano de este Mundial. Coca-Cola, McDonald’s, Walmart, T-Mobile, Verizon, Target, Disney, todas están corriendo campañas específicas en español dirigidas al consumidor hispano. Algunas con celebridades latinas como rostros principales. Otras con creatividades culturalmente específicas (asados, abuelas cocinando, gritos de gol en español).
Verizon, por ejemplo, lanzó hace pocas semanas una campaña con Bad Bunny y otros artistas latinos. T-Mobile hizo lo propio con Karol G. McDonald’s lanzó una colección de empaques temáticos del Mundial con artes alusivos a las selecciones latinoamericanas. Walmart abrió secciones especiales en sus tiendas con productos del Mundial dirigidos al consumidor hispano, incluyendo televisores con instalación gratuita el día del partido de México, Argentina, Colombia o Brasil.
Y, conviene anotar, esto no es casualidad. Es una respuesta racional de mercado al peso económico real del consumidor hispano. Los directores de marketing entendieron hace rato que ignorar a 65 millones de personas con 4,1 billones de poder adquisitivo es un suicidio comercial. Y el Mundial 2026, al juntar el evento deportivo más visto del planeta con el mercado hispano más grande del mundo desarrollado, era la oportunidad perfecta para activar campañas masivas. Y todas las grandes marcas lo están haciendo simultáneamente.
Streaming, telecomunicaciones y la economía digital hispana
Otro frente que está moviéndose fuerte es el digital. El 86 por ciento de los latinoamericanos planea ver los partidos en sus casas, según un estudio reciente publicado por Ondata. Y el 54 por ciento espera tener tres o más dispositivos conectados simultáneamente durante los partidos importantes. Eso significa más suscripciones de streaming, más conectividad, más ventas de televisores grandes, más demanda de wifi de alta velocidad.
Telemundo, la cadena hispana de NBC Universal, tiene los derechos exclusivos en español para Estados Unidos. Peacock, la plataforma de streaming de NBC, transmite los partidos completos. Las suscripciones de Peacock crecieron significativamente desde finales de mayo, según reportes de la propia compañía (aunque las cifras exactas no se han hecho públicas). Xumo Play, otra plataforma de streaming, anunció acceso gratuito en español a partidos inaugurales del torneo, incluyendo México vs Sudáfrica y Estados Unidos vs Paraguay, como estrategia para captar audiencia hispana.
Y, por supuesto, las telecomunicaciones. Verizon, T-Mobile y AT&T están reportando crecimientos en planes de datos móviles, especialmente entre clientes hispanos que quieren ver los partidos en sus celulares mientras trabajan, viajan o se mueven por la ciudad. El consumo de datos durante los partidos importantes está rompiendo récords semanales, según mediciones de las propias operadoras.
El otro lado de la historia: las preocupaciones
Conviene anotar también que no todo es color de rosa. Hay un dato preocupante reportado por CNBC en mayo de 2025: empresas como Coca-Cola, Constellation Brands y Colgate-Palmolive habían reportado, antes del Mundial, una desaceleración en el gasto de los consumidores hispanos en Norteamérica. La razón principal, según las propias compañías, era la preocupación por temas de inmigración bajo el segundo gobierno de Donald Trump. Más del 50 por ciento de los consumidores hispanos encuestados expresaron preocupación por las políticas migratorias y por cómo les podrían afectar.
Esa preocupación, conviene anotar con honestidad, sigue presente. Muchos hispanos en Estados Unidos están consumiendo con cautela, ahorrando más, reduciendo gastos discrecionales. El Mundial está funcionando como un momento de exhalación colectiva, una pausa emocional dentro de un contexto político tenso. Pero la pregunta seria, mirada con calma, es qué va a pasar con el consumo hispano después del 19 de julio, cuando termine el torneo y la realidad cotidiana vuelva a imponerse.
Otro dato que vale la pena anotar: el 80 por ciento de los hoteleros encuestados por la Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamiento (más de 30 mil establecimientos en el país) reportó que las reservas hoteleras durante el Mundial estaban por debajo de las previsiones iniciales. Es decir, hay menos turismo internacional del esperado. Los precios altos de los boletos (algunos por encima de los 1.000 dólares) y las preocupaciones por la situación política han desalentado a parte de los viajeros extranjeros. El Mundial está dependiendo más del consumo local hispano y menos del turismo internacional de lo que originalmente se proyectaba.
La lectura grande: el Mundial como termómetro generacional
Quiero cerrar con una reflexión que me parece importante, porque va más allá de las cifras de consumo. Este Mundial 2026, mirado con perspectiva, es un termómetro generacional sobre el papel de los hispanos en la economía estadounidense.
Hace treinta años, en USA 1994 (el primer Mundial jugado en Estados Unidos), los hispanos éramos aproximadamente 26 millones de personas con un poder adquisitivo de unos 200 mil millones de dólares. Hoy somos 65 millones con un poder de 4,1 billones. Hemos crecido en número y en músculo económico de manera explosiva. Y este Mundial es la primera vez que esa nueva realidad se va a ver reflejada masivamente en la economía estadounidense durante un mes y medio seguido.
Para los emprendedores hispanos, esta es una oportunidad única. Las pequeñas empresas latinas que sepan aprovechar las próximas cinco semanas (que abran horarios extendidos los días de partidos importantes, que ofrezcan promociones temáticas, que coloquen pantallas grandes, que activen redes sociales en español) van a salir del Mundial con mejor flujo de caja, mejor reconocimiento de marca y mejor relación con su clientela. Para las grandes marcas globales, este Mundial es la prueba definitiva de que el mercado hispano ya no es un nicho. Es un mercado central, masivo, con voz propia, con poder de compra real.
Y para los hispanos como individuos (familias, trabajadores, profesionales, estudiantes), este Mundial es algo más sencillo y más profundo. Es la oportunidad de gritar gol en español en el país donde vivimos, sin pedir permiso, sin que nadie nos mire raro. Es la oportunidad de reunirnos con nuestra gente, comer nuestra comida, escuchar nuestros himnos, llorar y reír por nuestros equipos. Y, en un país que muchas veces nos pide silencio, es la oportunidad de hacernos sentir.
Eso, conviene anotarlo al cierre, también es economía. Aunque no salga en ningún balance financiero.
Es la economía del afecto, la economía de la identidad, la economía de la pertenencia.
Y, mirada con calma, es probablemente la economía más importante de todas.























