Hace una semana, en este mismo Popticular, escribimos que la presencia latinoamericana en Cannes 2026 tenía rostro de mujer. Que la costarricense Valentina Maurel, la chilena Manuela Martelli y la también chilena Dominga Sotomayor estaban liderando lo que la región mandó al festival. Que esto no era casualidad, sino el resultado de años de becas, residencias y una camada de mujeres directoras que llevaba tiempo gestándose. Que el cine latinoamericano se estaba feminizando y que esa era una de las mejores noticias para la región.
Una semana después, el festival le dio la razón a esa hipótesis. Y se la dio en grande.
El viernes 22 de mayo, en la ceremonia de la sección Un Certain Regard (la segunda más importante del Festival de Cannes después de la Competencia Oficial), el jurado presidido por la actriz francesa Leïla Bekhti anunció el premio a Mejor Interpretación Femenina. Y, en lugar de elegir una sola ganadora, hizo algo poco común: lo entregó, compartido, a tres actrices.
Las tres son de la misma película. La película se llama «Siempre Soy Tu Animal Materno». La dirige Valentina Maurel. Y representa a Costa Rica.
Quiénes son las tres ganadoras
Marina de Tavira es mexicana. Nació en Ciudad de México. Tiene una trayectoria sólida en cine y teatro mexicanos desde hace más de dos décadas. Pero el mundo la conoció cuando interpretó a Sofía en «Roma» de Alfonso Cuarón en 2018. Ese papel le valió una nominación al Premio Óscar como Mejor Actriz de Reparto, una hazaña que pocos actores mexicanos pueden mostrar en su currículo. Después de aquello, regresó al teatro, hizo películas independientes, mantuvo bajo perfil. Cannes 2026 era su debut en el festival.
Daniela Marín Navarro es costarricense. Joven. Ya había sido premiada en Locarno por una colaboración anterior con Maurel: «Tengo Sueños Eléctricos» (2022), la ópera prima de la directora. Es la protagonista de la película y la única de las tres que estaba presente en Cannes para recibir el premio en persona.
Mariángel Villegas también es costarricense. Y debutó en el cine con esta película. Llegó al proyecto a través de un casting distinto del original. Lo que la directora vio en ella, dijo después, fue una intuición que el set terminó confirmando.
Tres mujeres. Dos países. Una película. Un premio compartido. Cosa rara en festivales de esta envergadura, donde los premios suelen ir a una sola persona. El jurado tuvo que justificar la decisión con un fundamento poco habitual: las premió «excepcionalmente» por una actuación que calificó de «divertida, audaz e impertinente».
El primer largometraje costarricense en la historia oficial de Cannes
Aquí viene el dato que probablemente la mayoría de la prensa internacional pasó por alto pero que tiene un peso enorme. «Siempre Soy Tu Animal Materno» es el primer largometraje de Costa Rica en formar parte de la selección oficial del Festival de Cannes. En toda su historia, ningún proyecto costarricense había llegado hasta aquí.
Para entender la dimensión de eso, hay que contextualizar. Cannes existe desde 1946. Costa Rica produce cine en serio desde hace unos 25 años. La industria cinematográfica del país no tiene los fondos de la mexicana, la argentina o la brasileña. No tiene los estudios. No tiene el aparato. Y, sin embargo, una directora joven que hizo su segundo largometraje fue capaz de llegar a la sección oficial del festival más importante del mundo. Y llegar con premio.
Como dijo Maurel después de recibir el galardón: «Esto viene a confirmar que es posible hacer películas que abarquen los territorios de la intimidad, de la ambigüedad, de la interioridad en Costa Rica, que no sea necesariamente un cine que sea turístico porque es un país turístico».
Por su parte, Daniela Marín Navarro, en su discurso al recibir el premio compartido junto a la directora, se quebró en el escenario y soltó la frase que se llevó la noche desde la perspectiva centroamericana: «¡Que aguante el cine costarricense! Yo sé que a veces es muy difícil hacer cine. En Costa Rica no tenemos suficientes fondos. A veces todo se pone demasiado difícil, pero se puede lograr. Se puede lograr y aquí estamos y todos estamos verdaderamente poniendo una piedra sobre otra».
De qué va la película
Para quienes no la han visto, vale la pena explicar de qué trata. La película sigue el regreso de Elsa (Daniela Marín Navarro) a Costa Rica después de unos años estudiando en Bélgica. Al volver, descubre que su hermana menor Amalia (Mariángel Villegas) vive en un alarmante aislamiento dentro de la casa familiar, rodeada de compañías sospechosas y sumergida en el esoterismo. Su madre, Isabel (Marina de Tavira), una escritora mexicana, está atravesando un matrimonio roto y se obsesiona con publicar los poemas eróticos que escribió en su juventud, sin darse cuenta de las batallas internas que sus dos hijas enfrentan.
Es una película sobre maternidad, sobre las distancias que se construyen sin querer entre madre e hijas, sobre las islas emocionales que pueden convivir bajo el mismo techo. Una coproducción Bélgica-Francia-México (con la mexicana Pimienta Films como casa productora). Y, según los reportes desde Cannes, la película recibió una ovación de cuatro minutos después de su proyección.
Lo que dijo Marina de Tavira desde México
Hay un detalle que vale la pena anotar para entender el momento. Marina de Tavira no estaba en Cannes el día del premio. Había vuelto a México unos días antes para cumplir compromisos previos, sin saber que iba a ganar. Cuando se enteró, publicó un mensaje desde su casa que dice mucho de lo que esta historia significa para el cine latinoamericano:
«Desde México celebro con gran alegría este reconocimiento al cine que hacemos en América Latina. Gracias por invitarme a asomarme a los laberintos de la maternidad. Gracias, festival de Cannes por abrir la mirada.»
Esa última frase, «gracias por abrir la mirada», es probablemente la mejor síntesis de lo que está pasando este año. Cannes no le abrió la puerta solo a tres actrices. Le abrió la puerta a una directora costarricense, a una historia centroamericana, a una sensibilidad femenina, a una región que durante décadas tuvo que enviar películas masculinas con protagonistas masculinos para ser tomada en serio.
El contexto mayor: Cannes 2026 fue el año del cine latinoamericano hecho por mujeres
Mirado en perspectiva, este premio se inscribe en un patrón claro. Manuela Martelli representó a Chile en Un Certain Regard con «El Deshielo». Dominga Sotomayor llegó a la Quincena de los Cineastas con «La Perra». Y Valentina Maurel, además de ganar el premio actoral con sus protagonistas, se convirtió en la primera cineasta de Costa Rica en estar oficialmente seleccionada por Cannes.
Tres mujeres latinoamericanas. Tres países distintos (Chile, Chile, Costa Rica). Tres películas con miradas íntimas que se atreven a explorar lo doméstico, lo familiar, lo emocional, sin pedir disculpas por no ser épicas. Es la primera vez en la historia que el festival le da tanto espacio simultáneo al cine hecho por mujeres de América Latina.
Y a esa tendencia se suma otro dato que conviene rescatar de la edición. La Palma de Oro al Mejor Cortometraje fue para «Para los Contrincantes» del argentino Federico Luis, una película filmada en Ciudad de México. El premio a Mejor Dirección fue compartido por los españoles Javier Calvo y Javier Ambrossi (Los Javis) por «La Bola Negra». Y Gael García Bernal subió a entregar el Premio del Jurado, regalando la frase más viral de la ceremonia: «Mi francés es pésimo, pero aún así es mejor que la reputación de la FIFA», en alusión al Mundial que arranca en tres semanas.
Lo que viene para «Siempre Soy Tu Animal Materno»
La película va a empezar ahora su recorrido internacional. Con el premio de Cannes en la mochila, es prácticamente seguro que va a aparecer en los festivales más importantes del resto del año: San Sebastián, Toronto, Mar del Plata. Y, lo más probable, llegará a plataformas de streaming en el segundo semestre del 2026 o comienzos del 2027. Las distribuidoras grandes ya empezaron a moverse.
Para Marina de Tavira, este premio es probablemente el más importante de su carrera después de la nominación al Óscar por «Roma». Y para Costa Rica, es un punto de inflexión. Lo que parecía imposible hace una década (que un país pequeño, sin industria consolidada, llegara a Cannes con una película oficial y ganara un premio actoral) acaba de pasar.
A veces el cine latinoamericano nos sorprende. A veces nos rompe los esquemas. Y a veces, como esta semana, nos confirma algo que ya estábamos sospechando: que las mejores películas que estamos haciendo, ahora mismo, las están dirigiendo mujeres.
Cannes lo dijo el viernes. Costa Rica lo celebró el sábado. Y este lunes, América Latina entera tiene una razón más para mirarse al espejo con orgullo.




















