Un cohete de SpaceX chocó contra la Luna esta madrugada y dejó un cráter que nadie pudo ver

El impacto ocurrió a las 2:35 a.m., hora del Este, cerca del cráter Einstein. La NASA calcula un hoyo de 18 metros de ancho. La confirmación no llegó por una imagen, sino por la química de la nube de polvo que levantó.

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Foto: Shutterstock
Foto: Shutterstock

Una etapa superior de cohete Falcon 9, cuatro toneladas de metal a la deriva desde enero de 2025, se estrelló esta madrugada contra la Luna a unos 8.700 kilómetros por hora.

Ocurrió a las 2:35 a.m. hora del Este, cerca del cráter Einstein, en el borde occidental de la cara oculta. No había atmósfera que frenara nada. Según los cálculos de la NASA, el cráter nuevo mide unos 18 metros de ancho y cuatro de profundidad. La energía liberada equivale a unas tres toneladas de dinamita.

En la Luna no hay viento ni lluvia. Ese hueco se queda.

La confirmación llegó por química, no por imagen

Hubo una campaña de observación coordinada. Astrónomos profesionales y aficionados en varios continentes apuntaron telescopios a la misma hora. Nadie vio el golpe, y era previsible: pasó en la cara oculta y con luz de día lunar.

La confirmación llegó doce horas después. El Observatorio Europeo Austral informó que su Very Large Telescope, en el desierto de Atacama, detectó en la nube de escombros las líneas espectrales del sodio y el litio.

Ese es el dato duro del día. La prueba de que ocurrió no es una foto: es la firma química de nuestra propia chatarra suspendida sobre la superficie lunar. Los modelos preveían que el polvo levantado subiera hasta 100 kilómetros.

La imagen del cráter tardará semanas. Depende de que el orbitador de reconocimiento lunar de la NASA vuelva a pasar por esa zona y la fotografíe.

De dónde salió ese cohete

El 15 de enero de 2025 despegó de Cabo Cañaveral un Falcon 9 con dos módulos lunares a bordo: el Blue Ghost, de Firefly Aerospace, y el Resilience, de la japonesa ispace. El primero aterrizó bien en marzo. El segundo perdió comunicación 90 segundos antes de tocar suelo y se estrelló.

La etapa superior, de unos 13,8 metros, quedó abandonada en una órbita alta que cruzaba el camino de la Luna. Ahí siguió más de un año. La gravedad y la actividad solar terminaron de moverla hasta ponerla en curso de choque.

Nadie lo planeó. El objeto ni siquiera tiene nombre: se cataloga como 2025-010D.

Consultada sobre el tema el lunes, durante una rueda de prensa por otra misión, Julianna Scheiman, directora de programas científicos de SpaceX con la NASA, dijo que la compañía hizo una maniobra para dejar la segunda etapa en una posición segura conforme a las normas aplicables. Después la física hizo lo suyo.

Lo predijo un astrónomo independiente

El 29 de abril, Bill Gray publicó los cálculos que anunciaban el impacto con fecha y hora. Gray no trabaja para ninguna agencia espacial. Mantiene el sitio Project Pluto, escribe su propio software de cálculo de órbitas y se apoya en observaciones de astrónomos aficionados para seguir objetos que el ejército estadounidense no rastrea.

Ya le había pasado en 2022 con otro impacto lunar. Aquella vez identificó mal el objeto y publicó la corrección él mismo.

Que el aviso de estas cosas dependa de un investigador independiente, y no de un sistema oficial de seguimiento, es en sí mismo parte de la noticia.

209 toneladas y ninguna norma

Le tiramos cosas encima a la Luna desde el 13 de septiembre de 1959, cuando la sonda soviética Luna 2 se estrelló allí a propósito. Desde entonces han caído cerca de setenta naves y restos de naves. El inventario de material humano en la superficie lunar supera hoy las 209 toneladas.

Nada de eso incumple ninguna ley, porque no existe la ley. El Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 se redactó pensando en armas nucleares y en reclamos de soberanía, no en desechos. No hay sanción, no hay responsable designado, no hay obligación de retirar nada.

Especialistas en derecho espacial vienen advirtiendo desde hace años sobre dos riesgos concretos: la contaminación de sitios de interés científico y el daño a lugares de valor histórico, empezando por los de las misiones Apolo.

Lo que queda

El choque de anoche no puso en riesgo a nadie. No amenazó satélites ni misiones en curso, y ni siquiera se pudo observar. Visto de cerca, es un no evento.

Visto de lejos, es otra cosa. La NASA planea una base lunar. Varias empresas privadas quieren extraer recursos allá arriba. En la próxima década va a subir más metal a la Luna que en las seis anteriores juntas.

Si con el tráfico actual ya se nos escapan cuatro toneladas y el aviso llega por un astrónomo que trabaja desde su casa, el problema no es este cráter. Es el siguiente.