Se anunciaron las nominaciones a la edición 78 de los Premios Emmy, y el nombre que se robó los titulares no salió de una serie ni de una película, sino de un escenario. Bad Bunny hizo historia: su presentación en el medio tiempo del Super Bowl consiguió nueve nominaciones, la mayor cantidad que ha logrado un show del entretiempo en toda la historia de estos premios. Es un logro enorme para el puertorriqueño, sí. Pero si uno mira el panorama completo, la noticia es todavía más grande de lo que parece.
El récord: nueve nominaciones y a Lady Gaga superada
Vamos a los números, que hablan solos. El espectáculo, titulado oficialmente «The Apple Music Super Bowl LX Halftime Show Starring Bad Bunny», compite en nueve categorías, entre ellas Mejor Especial de Variedades en Vivo, dirección, coreografía, diseño de producción, iluminación, dirección musical y mezcla de sonido. Con eso, superó el récord que tenía Lady Gaga desde 2017, cuando su show del Super Bowl consiguió seis nominaciones.
Hay un detalle que le pone la cereza al pastel: si el espectáculo gana el premio a Mejor Especial de Variedades en Vivo, será el propio Bad Bunny quien reciba la estatuilla, porque figura como productor. Y no es un reconocimiento salido de la nada. Su presentación, realizada el 8 de febrero, fue vista por 128,2 millones de personas, lo que la convirtió en el show de medio tiempo más visto en la historia del Super Bowl, según Nielsen. Aquella noche cerró con un mensaje de unidad, rodeado de las banderas de los países del continente americano. Ese gesto, hoy, pesa más que nunca.
Taylor Swift, Gaga y las demás
Bad Bunny no fue el único artista de música que se coló aquí. Taylor Swift consiguió cinco nominaciones por la película de su gira, «Taylor Swift – The Eras Tour: The Final Show», en categorías como dirección, montaje y sonido. Al igual que Benito, ella figura como productora, así que también podría subir a recoger un Emmy en persona.
Y la lista sigue. Lady Gaga sumó una nominación por «The Dead Dance», el tema que coescribió para la serie Miércoles, de Netflix. Sabrina Carpenter apareció por su participación en un especial de los Muppets para Disney+. Y Tate McRae se metió en la categoría de coreografía por su presentación en los MTV VMAs, algo que no pasaba con una actuación de premios musicales desde que Michael Jackson hizo historia en 1995. Mires donde mires, hay una estrella de la música.
Lo que de verdad está pasando: la música se comió los Emmy
Y aquí está la lectura que va más allá del titular. ¿Notaron el patrón? Bad Bunny, Taylor Swift, Lady Gaga, Sabrina Carpenter, Tate McRae. Ninguno está nominado por actuar en una serie o por protagonizar una película. Están nominados por cantar, por bailar, por dar un show. La frontera entre el concierto y la televisión, que antes era clarísima, se está borrando a toda velocidad.
Pensémoslo bien. En la categoría de Mejor Especial de Variedades en Vivo, un show de apenas trece minutos como el de Bad Bunny va a competir de tú a tú contra ceremonias completas como los Óscar, los Grammy y los Tony. Que una presentación tan corta se plante ahí dice mucho de cómo cambió la industria. Hoy, un artista ya no necesita rodar una serie para ganar un Emmy: le basta con convertir su gira o su show en un producto audiovisual de primer nivel. La música dejó de ser solo música. Ahora también es televisión premiable, y de la buena.
Por qué esto nos toca de cerca
Para la audiencia latina, además, hay un motivo extra para celebrar. Que el show de medio tiempo con más nominaciones en la historia de los Emmy sea el de un artista puertorriqueño que canta en español, y que cerró su presentación con las banderas de toda América, no es un dato menor. Es una muestra más del peso que la cultura latina tiene hoy en el corazón del entretenimiento estadounidense. Benito no pidió permiso ni cambió de idioma para conquistar el escenario más grande de Estados Unidos. Llegó, cantó como siempre, y ahora hasta la Academia de la Televisión aplaude.
Al final, lo de Bad Bunny en estos Emmy se resume en una imagen: no hizo falta una serie, ni un documental, ni un solo diálogo actuado. Le bastaron trece minutos, un estadio lleno y una bandera. Y con eso reescribió el libro de récords. Si querías saber hacia dónde va el entretenimiento, ahí tienes la respuesta.





















