Sobrevivieron al terremoto, ahora sobreviven al refugio

Unas 16.000 personas perdieron su casa en Venezuela. Duermen en el piso, falta comida y la ONU advierte que la crisis humanitaria "se deterioró rápidamente". La emergencia no terminó: cambió de lugar.

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Sismos_Venezuela_Earthquake_Venezuela | Foto: YouTube / Wikimedia Commons
Sismos_Venezuela_Earthquake_Venezuela | Foto: YouTube / Wikimedia Commons

Casi una semana después del doble terremoto, mientras se apagan las esperanzas de hallar gente con vida bajo los escombros, la tragedia venezolana entra en una etapa menos visible pero igual de dura: la de quienes sobrevivieron, pero se quedaron sin nada. Son miles de familias que hoy no tienen a dónde volver, y su drama apenas empieza a contarse.

«Durmiendo en el piso»

La cara de esta nueva fase tiene nombres concretos. Jenny Tortoza, vecina de Catia la Mar, en La Guaira, lo resumió con crudeza ante la agencia AFP: «Estamos durmiendo en el piso porque no tengo colchonetas». Como ella, cientos de personas terminaron en refugios improvisados, muchos a la intemperie o en estructuras que apenas dan techo.

En La Guaira, el estado más golpeado, el polideportivo José María Vargas se convirtió en hogar para decenas de damnificados que lo perdieron todo. En su grama, la gente revisa montañas de ropa donada buscando algo que ponerse. En medio de esa escena, Yosey Escalona, otra de las refugiadas, encontró un motivo para seguir: «Es como que Dios te da la oportunidad de tener una vida más». Frases así se repiten entre quienes salvaron la vida y ahora enfrentan la pregunta de cómo empezar de cero.

Una crisis que se profundiza

La situación no se está estabilizando: se está agravando. La Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), que coordina lo relacionado con refugios y protección, advirtió este martes que las condiciones en las zonas afectadas «se han deteriorado rápidamente». El organismo describió una grave escasez de alimentos, el colapso de los servicios básicos y un aumento de los riesgos para la población desplazada.

Hay un detalle que preocupa especialmente: las tensiones entre la gente van en aumento porque la ayuda no llega de forma pareja. Cuando hay poca comida y mucha necesidad, el acceso desigual a la asistencia genera roces, y eso vuelve más frágil un ambiente ya de por sí tenso. Según los datos actualizados de Acnur, unas 16.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares por los sismos.

Los más golpeados entre los golpeados

Como casi siempre ocurre en los desastres, el terremoto pegó más fuerte sobre quienes ya estaban en desventaja. Acnur mostró especial preocupación por las personas retornadas, es decir, venezolanos que habían regresado al país hacía poco y que ya cargaban con dificultades para rehacer su vida. Un caso lo dice todo: en La Guaira colapsó un centro de acogida temporal que albergaba a unas 140 personas retornadas, varias de ellas llegadas en un vuelo procedente de Estados Unidos. Volvieron para empezar de nuevo y el terremoto los dejó otra vez sin piso.

A eso se suma un país que ya venía cargado. A finales de 2025, Venezuela albergaba a más de 210.000 refugiados y solicitantes de asilo, y la propia Acnur tenía cubierto apenas una fracción del presupuesto que necesitaba para operar este año. Sobre esa base débil cayó la catástrofe, lo que explica por qué la respuesta cuesta tanto.

Qué se está haciendo

No todo es parálisis. La ONU avanza en la instalación de «refugios multiservicios», con comedores y sistemas de saneamiento, ubicados cerca de las comunidades para que la gente no tenga que desplazarse lejos. También montó hospitales de campaña en La Guaira y llevó insumos para potabilizar agua. Acnur, junto a Cáritas, habilitó un centro logístico para almacenar y repartir donaciones de comida, agua e higiene. En paralelo, el Gobierno encargado creó una comisión para evaluar las viviendas dañadas y extendió la suspensión de clases.

Para quien quiera ayudar en este frente, las organizaciones enfocadas en refugio y protección, como Acnur, Cáritas y las oenegés del Comité de Emergencia Español, son de las vías más directas, porque trabajan justo en alojamiento, agua y alimentos para los desplazados.

La parte que no sale en los videos

Los edificios caídos coparon las portadas, y con razón. Pero la siguiente etapa de esta tragedia no se juega entre los escombros, sino en los refugios, en las colas por un plato de comida y en las noches que miles de personas pasan durmiendo en el suelo. Es una emergencia más lenta, menos espectacular y, por eso mismo, más fácil de olvidar. Recordarla es parte de no dejar sola a esa gente.