Entre 1.719 y 50.000: la cuenta imposible del terremoto en Venezuela

El número de muertos confirmados sube cada día, pero la cifra que de verdad define la tragedia es otra: la de quienes nadie logra ubicar. Qué significa, por qué es tan difícil de precisar y cómo leerla sin caer en el pánico

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Venezuela | foto: Shutterstock
Venezuela | foto: Shutterstock

Hay una distancia enorme entre las dos cifras que se manejan sobre el terremoto en Venezuela, y en esa distancia cabe buena parte del drama. Por un lado, el balance oficial: hasta el corte más reciente, 1.719 muertos, más de 5.000 heridos y casi 16.000 damnificados. Por el otro, una estimación que estremece: las Naciones Unidas calculan que más de 50.000 personas siguen sin ser localizadas. La diferencia entre un número y otro no es un error de nadie. Es, sobre todo, la medida de lo que todavía no se sabe.

Qué significa «desaparecido»

Lo primero es aclarar algo importante para no leer mal la cifra: que la ONU hable de 50.000 personas sin localizar no quiere decir que haya 50.000 muertos. Un desaparecido, en este contexto, es alguien con quien su familia no ha podido comunicarse desde los sismos. Y hay una razón muy concreta para que sean tantos: gran parte de la red de telecomunicaciones se cayó con el terremoto, así que miles de personas quedaron incomunicadas sin estar necesariamente atrapadas.

La mejor prueba de esto la da una plataforma ciudadana creada para registrar búsquedas y hallazgos. Según sus datos, hasta el lunes en la mañana todavía se buscaba a unas 46.000 personas, pero más de 15.000 que se habían reportado como desaparecidas ya habían aparecido con vida. Es decir, la cifra se mueve hacia abajo cada vez que alguien logra avisar que está bien. Por eso conviene tomarla como lo que es: una foto provisional de la incertidumbre, no un conteo de víctimas.

Dos cifras, dos relatos

Llama la atención el contraste entre quién dice qué. El Gobierno venezolano evita hablar de desaparecidos y apenas reconoce unos pocos centenares. La ONU, en cambio, fue directa: su jefe de ayuda humanitaria, Tom Fletcher, declaró en Ginebra que se desconocía el paradero de más de 50.000 personas y advirtió que «se trata de una operación de rescate extremadamente compleja». A esa brecha se suma una lista no oficial que circula en redes con más de 52.000 nombres, alimentada por familiares que buscan a los suyos.

Ese desfase entre la cuenta oficial y la internacional es, en sí mismo, parte de la historia. Cuando un Estado y un organismo mundial manejan números tan distintos, la diferencia suele decir tanto sobre la tragedia como sobre la forma en que se la cuenta.

Las 10.000 bolsas

Hay un dato que, sin necesidad de adjetivos, deja ver lo que las autoridades temen. Las Naciones Unidas anunciaron el envío de 10.000 bolsas mortuorias para el país. El propio coordinador del organismo en Venezuela, Gianluca Rampolla, dijo esperar que el balance final no llegue a las proyecciones más pesimistas. Mientras tanto, en depósitos improvisados del puerto de La Guaira, cientos de cuerpos esperan ser identificados y entregados a sus familias. Allí se repiten escenas de personas que aguardan, durante días, una confirmación que no termina de llegar.

Por qué la cuenta es tan difícil

Precisar las cifras en un desastre de esta magnitud es, técnicamente, muy complicado. En La Guaira, varios edificios no quedaron simplemente agrietados: colapsaron por completo y se convirtieron en montañas de concreto y acero. Sacar e identificar a quienes quedaron debajo es un trabajo lento, que además se ha visto frenado por la falta de maquinaria pesada que denuncian los propios rescatistas.

A esto se suma el factor tiempo. Los expertos consideran que, pasadas las primeras 72 horas, la tarea deja de ser un rescate y pasa a ser, en su mayoría, recuperación de cuerpos. Esa ventana ya se cerró hace días. Y sin embargo, siguen ocurriendo hallazgos excepcionales: un joven de 21 años fue rescatado con vida tras pasar más de 100 horas bajo los escombros. Cada caso así reaviva la esperanza, aunque las probabilidades jueguen en contra.

Cómo leer lo que viene

En los próximos días, lo más probable es que la cifra de muertos confirmados siga subiendo a medida que se remuevan más escombros, y que la de desaparecidos baje conforme más familias logren reencontrarse o recibir noticias. Las dos cosas pueden pasar al mismo tiempo, y no se contradicen. La tragedia, además, no es solo venezolana: entre los fallecidos y los buscados hay ciudadanos de España, Portugal, Colombia, Brasil, Italia, China y Argentina, lo que da una idea de cuánta gente de fuera vive y trabaja en el país.

Detrás de cada número hay un nombre y una familia esperando. Por eso, más que aferrarse a una cifra exacta que hoy nadie puede dar, vale la pena entender lo que esa cifra representa: un país tratando de contar, en medio del dolor, a toda la gente que aún no ha podido decir «estoy bien».