Cuesta creer que ya hayan pasado tres años y medio desde aquella noche del 18 de diciembre de 2022 en Lusail cuando Montiel metió el penal definitivo y Argentina rompió treinta y seis años de espera.
Lloraron los hinchas argentinos en todo el mundo, sí. Pero también lloramos los venezolanos, los colombianos, los mexicanos, los peruanos. Lloró buena parte de América Latina, en realidad, porque era difícil no llorar viendo a un jugador como Messi finalmente alcanzar la cima de un deporte que le había prometido tantas veces y le había negado tantas otras.
Y ahora, tres años y medio después, ese mismo Messi vuelve a un Mundial. Probablemente al último. Y la cita es este martes 16 de junio de 2026 a las 9 de la noche hora del Este, en el estadio Arrowhead de Kansas City, contra Argelia, en el primer partido del Grupo J de la Copa del Mundo organizada conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá.
Hay tres razones por las que este partido va a ser uno de los más vistos por la audiencia hispana en Estados Unidos durante todo el torneo. Y, antes de explicarlas, conviene anotar lo obvio: la Albiceleste no llega como un equipo cualquiera. Llega como campeona del mundo defendiendo el título. Llega con el mismo entrenador que la llevó a la gloria, el santafesino Lionel Scaloni, quien después de Qatar pudo haber elegido cualquier club del planeta y prefirió seguir trabajando con la selección. Llega con la misma columna vertebral que ganó hace tres años: Dibu Martínez en el arco, Otamendi (que va a cumplir 38 años jugando como si tuviera 28), Rodrigo De Paul, Mac Allister, Julián Álvarez, Lautaro Martínez. Y, por supuesto, con el capitán.
Pero vamos a las tres razones.
Razón número uno: este es el último Mundial de Messi
No hay manera elegante de decirlo. Messi va a cumplir 39 años durante este Mundial (los cumple el 24 de junio, justo en plena fase de grupos). Va a jugar su sexta Copa del Mundo, una marca que solo va a compartir con Cristiano Ronaldo y, hasta hace pocos meses, con el portero mexicano Memo Ochoa (que finalmente no fue convocado por México). Después de este torneo, no hay otro Mundial. No hay otra oportunidad. Hablamos del jugador que muchos consideran el mejor de la historia del fútbol, despidiéndose del torneo más importante del deporte. Esa magnitud emocional explica por qué cada partido suyo, empezando por el de este martes, va a ser visto con una atención casi religiosa por millones de espectadores.
El propio Messi ha dicho en entrevistas recientes que disfruta cada momento sin pensar demasiado en lo que viene. Cuando le preguntaron en una rueda de prensa hace pocas semanas si este era su último torneo, sonrió y dijo que iba a intentar disfrutarlo. Sin promesas. Sin compromisos. Sin grandes declaraciones. Esa es la actitud típica de Messi, por cierto: la de alguien que entendió hace mucho que las palabras dicen menos que los goles.
Y los goles, en su caso, son importantes. Porque la segunda razón conecta directamente con esto.
Razón número dos: Messi va por el récord de Klose
Acá viene un dato que me parece fascinante. Messi llega al Mundial 2026 con 13 goles en Copas del Mundo. Los marcó así: uno en Alemania 2006 (debut a los 18 años, ese gol contra Serbia y Montenegro que muchos todavía recuerdan), cero en Sudáfrica 2010 (un torneo que muchos hinchas argentinos prefieren olvidar), cuatro en Brasil 2014 (cuando perdió la final contra Alemania), uno en Rusia 2018 (en aquel torneo difícil) y siete en Qatar 2022 (incluyendo los dos de la final contra Francia).
Trece goles. El máximo goleador histórico de los Mundiales es el alemán Miroslav Klose, con dieciséis. Tres más que Messi. Detrás de Klose vienen Ronaldo brasileño con quince, Gerd Müller con catorce y, empatados con Messi en trece, el francés Just Fontaine. ¿Qué quiere decir esto? Que si Messi marca cuatro goles en este Mundial 2026, se convierte en el máximo goleador histórico de las Copas del Mundo. En soledad. Sin compartirlo con nadie.
Y aquí conviene anotar algo. Messi a los 38 años no es el Messi de los 25. Sus números en clubes han bajado moderadamente. Su forma física requiere más descansos. Pero su capacidad para aparecer en momentos importantes sigue intacta. En el amistoso del 9 de junio contra Islandia, una semana antes del Mundial, Messi marcó un gol en la victoria 3-0 (los otros los hicieron Valentín Barco y Thiago Almada). Las piernas todavía responden. Los reflejos todavía funcionan. Y la motivación, en un torneo que probablemente sea el último, es máxima.
Cuatro goles parece mucho. Pero conviene recordar que en Qatar 2022 Messi marcó siete. Y que Argentina, si avanza profundo en el torneo (como es lo esperado), va a jugar potencialmente siete partidos. Más de un gol por partido. Es posible. Es claramente posible.
Razón número tres: el bicampeonato que nadie logra desde 1962
Aquí viene la razón histórica grande. Argentina llega al Mundial 2026 como campeona defendiendo el título. Y eso, en el fútbol moderno, es estadísticamente raro. La última selección que logró ganar dos Mundiales consecutivos fue Brasil, en 1958 y 1962. Hace sesenta y cuatro años. Desde entonces, ninguna selección ha podido repetir.
Italia ganó en 1934 y 1938, antes de la Segunda Guerra Mundial. Brasil ganó en 1958 y 1962. Y después, nada. Cero. Todas las campeonas defensoras han caído en fases tempranas del torneo siguiente. Argentina perdió en octavos de Francia 98 después de ganar Italia 90 (en realidad fue subcampeona en Italia 90, pero el patrón vale). Francia salió en fase de grupos en 2002 después de ganar en 1998. Italia se fue en grupos en 2010 después de ganar 2006. España hizo lo mismo en 2014 después de ganar 2010. Alemania repitió la fórmula en 2018 después de ganar 2014.
El patrón es tan consistente que tiene hasta nombre: la «maldición de las defensoras». Y Argentina, con Messi, con Scaloni, con un plantel que combina veteranos y juventud, llega al Mundial 2026 a intentar romper esa maldición. A escribir una página de historia que llevaría sesenta y cuatro años escribiéndose, si lo logra. Eso, periodísticamente, es enorme. Y eso, para una audiencia hispana en Estados Unidos que sigue masivamente al fútbol argentino, es un atractivo descomunal.
Una curiosidad maquiavélica: el árbitro de la final de Qatar les pita otra vez
Acá viene un detalle que descubrí hace pocos días y que me parece digno de novela. El árbitro central del partido Argentina-Argelia de este martes va a ser el polaco Szymon Marciniak. ¿Saben quién es Szymon Marciniak? Es el mismo árbitro que dirigió la final del Mundial de Qatar 2022. Es decir, el mismo hombre que pitó aquel partido épico contra Francia, que vio el gol de Di María, los dos goles de Mbappé, el gol y la asistencia de Messi, la tanda de penales, la coronación. Y la FIFA decidió que volviera a dirigir el primer partido de Argentina en el Mundial siguiente.
Y para Messi, particularmente, Marciniak tiene un historial cargado. Le pitó la final de Qatar (donde Argentina ganó). Le pitó el debut de Argentina en Rusia 2018 contra Islandia (donde Messi falló un penal y Argentina empató). Le pitó los octavos de Qatar 2022 contra Australia (donde Argentina ganó 2-1). Y ahora le pita otra vez. La conexión es tan curiosa que algunos periodistas argentinos ya están diciendo que es una buena señal. Otros, supersticiosos, recuerdan el penal fallado en Rusia y se ponen nerviosos.
El rival: una Argelia que no es ningún regalo
Conviene anotar también que Argelia, el rival de este martes, no es exactamente un equipo débil. Vienen dirigidos por el bosnio Vladimir Petković, que ya dirigió a Suiza en Mundiales anteriores. Su figura principal es Riyad Mahrez, ex campeón de la Premier League con el Manchester City, ganador de Champions League, una de las estrellas indiscutidas del fútbol africano. Tiene 34 años, juega en el Al-Ahli de Arabia Saudita, y todavía mantiene buena parte de la calidad técnica que lo hizo famoso.
Junto a Mahrez aparecen jóvenes en crecimiento como Ibrahim Maza, talento criado en Alemania, y Mohammed Amoura, delantero del Wolfsburgo que marcó ocho goles en la Bundesliga la temporada pasada. Argelia llega al torneo con confianza tras vencer en amistosos preparatorios a Países Bajos y a Bolivia. No es Brasil ni Francia, evidentemente. Pero tampoco es una selección que se pueda subestimar.
Argentina y Argelia se enfrentaron solo una vez antes, en un amistoso del 3 de junio de 2007 en el Camp Nou de Barcelona, donde Argentina ganó 4-3. Aquel partido es recordado por una actuación brillante de un Messi muy joven (tenía apenas 19 años), que marcó un gol y dio dos asistencias. Casi veinte años después, los dos equipos vuelven a cruzarse. Solo que ahora Messi está cerca de los 39 y Argentina es campeona del mundo.
Por qué la audiencia hispana en USA va a estar pegada al televisor
Vamos a hablar de la audiencia, porque es uno de los puntos que más me interesa de este partido. En Estados Unidos hay más de 65 millones de personas que se identifican como hispanas o latinas. De ellas, un porcentaje significativo es de origen argentino, mexicano, colombiano, venezolano o de otros países sudamericanos donde el fútbol es prácticamente una religión. La Copa del Mundo 2026, además, se juega físicamente en suelo norteamericano, lo cual reduce las diferencias horarias y hace que más gente pueda seguir los partidos en horarios razonables.
Resultado: este Mundial probablemente sea el más visto de la historia para la audiencia hispana en Estados Unidos. Las cadenas hispanas que tienen derechos del torneo (Telemundo y la plataforma Peacock, principalmente, junto con Fox para la versión en inglés) están reportando picos de tráfico publicitario sin precedentes. Las cervecerías hispanas, los restaurantes mexicanos y argentinos, los supermercados que venden productos sudamericanos, todos están viviendo un junio extraordinario.
Y el partido del martes, Argentina vs Argelia a las 9 PM hora del Este, está casi diseñado para maximizar audiencia. Es un horario que en la costa oeste se traduce a las 6 PM (perfecto para terminar la jornada laboral y sentarse frente al televisor). En la costa este es a las 9 PM (horario prime time clásico). En México (que sigue el partido como si fuera propio porque la rivalidad con Argentina mueve emociones) es a las 7 PM. La logística televisiva está pensada para captar a la mayor cantidad de hispanohablantes posible.
Dónde verlo
Para los que están leyendo esta nota en Estados Unidos, las opciones son claras. En inglés, el partido va por Fox Sports (canal principal de Fox para el Mundial 2026). En español, las opciones son Telemundo (transmisión nacional) y la plataforma de streaming Peacock (suscripción). Para América Latina, las cadenas varían por país: en Argentina, Telefe y TyC Sports; en México, Canal 5, TUDN y Vix; en Colombia y Venezuela, DSports y DGO; en Perú y Ecuador, Latina y DGO. En España, el partido va por DAZN a partir de las 2 de la madrugada del miércoles.
Recomiendo, eso sí, llegar con tiempo. La previa de los partidos importantes de la Albiceleste suele estar cargada de análisis interesantes, entrevistas, momentos emotivos. Y la cobertura de Telemundo en particular ha venido siendo, hasta ahora, bastante sólida.
El factor emocional: por qué este partido importa más allá del resultado
Quiero cerrar con una reflexión que me parece importante. Los Mundiales son extraños. Son competencias deportivas, sí, pero también son rituales colectivos. Son los pocos momentos del año en que millones de personas de un mismo país, sin importar su edad, su clase social, su filiación política, se sientan a hacer la misma cosa al mismo tiempo: ver fútbol y rezar. Y para los hispanos en Estados Unidos, que muchas veces viven con un pie aquí y otro allá, los Mundiales tienen un peso emocional doble. Son una manera de reconectar con la tierra de origen, con los abuelos que ya no están, con los recuerdos de la infancia. Son una manera de gritar gol en español sin pedir permiso, en un país que no siempre se acuerda de que existimos.
Por eso este martes a las 9 PM va a ser un momento colectivo importante. No porque Argentina vaya a ganar (probablemente sí, gana, todos los analistas la dan ampliamente favorita). No porque Messi vaya a marcar (probablemente sí, también). Sino porque van a ser noventa minutos en los que millones de personas de habla hispana, en Houston, en Miami, en Los Ángeles, en Nueva York, en Chicago, en Atlanta, en Phoenix, van a parar todo y van a ver fútbol. Juntos. Como si estuvieran en sus países. Como si nada hubiera cambiado en veinte años.
Y eso, en un país tan acelerado y tan dividido como es el Estados Unidos de 2026, no es poca cosa.
Lo que viene después
Argentina sigue después con el partido contra Austria el lunes 22 de junio a las 2 PM hora del Este, en el AT&T Stadium de Dallas. Y cierra la fase de grupos contra Jordania el sábado 27 de junio a las 11 PM hora del Este, también en Kansas City. Si todo sale como se espera, Argentina debería ganar el grupo y avanzar a octavos. A partir de ahí, las cosas se complican. Pero, para llegar lejos, el primer paso es el de este martes.
Y el primer paso, conviene anotar, lo dan caminando hacia el túnel del Arrowhead Stadium en Kansas City. Messi a la cabeza, con la cinta de capitán. Dibu Martínez detrás. Otamendi, De Paul, Mac Allister, Julián Álvarez, Lautaro Martínez. La misma columna que ganó hace tres años. Y un país entero (más unos cuantos países adoptivos por afecto, como el mío Venezuela) mirando con el corazón en la boca.
Así arranca un Mundial. Así arranca, probablemente, la despedida de uno de los jugadores más grandes que ha visto este deporte.
Nos vemos el martes a las 9 PM.






















