Conoce a Blackiid, el abogado de Apartadó al que Nicky Jam le puso el nombre

Se iba a llamar Black Daddy, en honor a Daddy Yankee, hasta que un problema legal lo obligó a cambiarlo. La historia de Michael Córdoba pasa por tres trabajos de limpieza, buses de Orlando a Miami y un disco que sale a finales de octubre.

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Foto cortesía Michael Córdoba
Foto cortesía Michael Córdoba

Michael Córdoba quería llamarse Black Daddy. Era un homenaje directo a Daddy Yankee, el artista que le cambió la vida cuando lo vio en Medellín en 2007. Pero por derechos y asuntos legales tuvo que buscar otra cosa.

La solución llegó por vía de una amistad. «Fue en una amistad que tuve con Nicky Jam que él me empezó a llamar Blackiid, en modo de contracción de Black Daddy. Y pues así quedó».

De Urabá a Medellín

Nació en Apartadó, en el Urabá antioqueño. Lo describe como una tierra de cantores, trovas, baile y artesanías, y dice que esa influencia le llegó de forma indirecta antes de que él supiera qué hacer con ella.

Alrededor de los 12 o 13 años se mudó a Medellín. Ahí, en sus palabras, pudo expandir su concepto de arte al llegar a una metrópolis con tantas riquezas culturales.

De esa época viene el momento que cuenta con más detalle que ningún otro.

«Mi gusto y el querer ser artista nació cuando en Medellín por primera vez vi a un tal Daddy Yankee en el año 2007. Y aún sabiéndome todas sus canciones no pude cantar ni una sola porque me sentía hipnotizado con todo lo que estaba viendo. Lo que hacía, cómo cantaba, cómo interactuaba con el público. Todos felices, y parecían hasta olvidar sus problemas mientras disfrutaban del show».

Y lo que hizo al salir: «Fue cuando le cojo la mano a mi madre y le dije, madre, quiero ser como él».

Lo que significa la música cuando vienes de donde él viene

Le preguntamos qué representa la música para él.

«La música para mí es un instrumento social y cultural tan valioso que lo consideraría hasta terapéutico. Una buena canción puede darte energía, puede hacerte sentir mejor, puede ayudarte a tener un punto de vista diferente de alguna situación que estés pasando, y puede hasta hacerte sentir que alguien más te entiende».

Y después: «Y mucho más viniendo de un pueblo pobre con muchas necesidades. Pero cada que las personas se reunían a bailar y a cantar, eran las personas más ricas del mundo».

La rockola andante

Le preguntamos qué escucha cuando va solo en el auto y se rio antes de responder.

«Mi playlist personal es lo más random del mundo. Puedo estar escuchando desde un rock pesado de Metallica o Linkin Park, y luego la siguiente canción es una de Diomedes Díaz o de Willie Colón o Héctor Lavoe, y la siguiente es de Los Petit Fellas, y luego Los Prisioneros, luego Residente o Daddy Yankee. Así que soy toda una rockola andante».

Y le sirve: «Siento que de todos esos diferentes géneros uno como artista, si se presta atención, siempre va a haber algo que aprender».

En influencias directas menciona a Feid, con quien trabajó en Medellín en un par de canciones junto a Nicky Jam y Alberto Stylee, y a Juan Diego Vélez, el Ciego Vélez, por cómo entiende el negocio.

Lo que viene

Ahora promociona «Dende», un afrobeat grabado con instrumentos en vivo.

Y a finales de octubre sale Soñador, su primer álbum de estudio, once canciones producidas por Jey El Exagerado, a quien describe como un hermano mayor en esto desde hace tres años.

Dos temas del disco llaman la atención. Uno habla de la situación de los inmigrantes latinos en el mundo. El otro se llama «Camilo Cuchilla» y lo plantea como salsa urbana clásica ambientada en las calles de Medellín.

La referencia la pone él: la versión colombiana de «Juanito Alimaña», «Julito Maraña» y «Pedro Navaja». Se está metiendo en la tradición de Willie Colón, Héctor Lavoe y Rubén Blades, la de las canciones que le ponen nombre y apellido a un personaje de calle.

Foto: Cortesía Michael Córdoba
Foto: Cortesía Michael Córdoba

Los buses

Falta la parte de cómo pagó todo esto.

«Recuerdo que tenía hasta tres trabajos, limpiando casas, hoteles, oficinas, carros, para reunir el dinero e ir a grabar mis canciones a Miami. Me iba en bus y allá tenía Uber o algo, y dormía en el piso en la casa de un amigo. Grababa toda la noche y luego al día siguiente me devolvía para Orlando en otro bus, para seguir trabajando en los miles de trabajos que tenía para esa fecha».

Entre esos trabajos estaba limpiar baños en tiendas. Siguió así hasta que le salieron los papeles, consiguió un empleo mejor y pudo armarse su propio estudio.

Lo otro

Es abogado, graduado de la Universidad de San Buenaventura en Medellín.

Fue papá a los 18 años. Su hijo, Miguel Ángel, tiene 13 y vive en Medellín, y él está haciendo los trámites para traerlo.

Se casó una vez y se divorció. Lo explica sin adornarlo: «En ese matrimonio cometí el error de olvidarme de mí mismo y de mis sueños, solo por querer darle gusto a esa persona».

Y tiene una canción, «Valentía», escrita tras la muerte de su hermana menor, Valentina. Dice que ha sido una de las más importantes para él y de las más difíciles de transmitir.

Por qué de Medellín sale tanta gente

Le lanzamos la pregunta obvia, la de Karol G, J Balvin y Maluma: qué tiene esa tierra.

«Esa picardía, esa cosita de ser coqueto sin ser atrevido, una bella sonrisa, el carisma, y el sin importar qué te recibimos con una buena energía y un fuerte abrazo. La cultura antioqueña es conocida por su carisma y su calor humano ante todo. Y es ese mismo calor humano, y no ego, lo que nos hace caer bien en todo lado al que llegamos».

Y añadió algo que le da peso al argumento: que eso lo dicen colombianos que no son antioqueños.

Cuándo es feliz

Se lo preguntamos al final.

«Soy realmente feliz cuando compongo música con sentido, y soy aún más feliz cuando la gente me llama o me escribe que escuchó mi canción y se sintieron identificados».

Y cerró así: «Como dicen por ahí, todos reímos y lloramos en el mismo idioma».

Soñador sale a finales de octubre. «Dende» ya está disponible.