¿Quién se queda con el dinero cuando escuchas una canción en Spotify?

Empezó en Argentina, no en México. Y hay una película de Disney donde todavía se puede escuchar cómo sonaba antes de que alguien decidiera cómo debía hablar toda América Latina.

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Spotify | Foto: Octavio Hoyos / Shutterstock
Spotify | Foto: Octavio Hoyos / Shutterstock

Cada vez que alguien discute esto en redes aparece la misma frase: que Spotify paga tres décimas de centavo por reproducción. La cifra circula tanto que ya nadie la cuestiona, y arranca de una idea que es falsa: que Spotify paga por reproducción.

No lo hace. Y no paga a los artistas.

Primer dato incómodo

Spotify le paga a los titulares de derechos: sellos discográficos, editoriales, sociedades de gestión y distribuidoras. Esos titulares le pagan después al artista, según el contrato que tengan firmado.

La compañía lo dice sin rodeos. Ante la BBC, un portavoz explicó que no paga directamente a artistas ni a compositores, y admitió algo más interesante: que no tiene visibilidad sobre dónde termina el dinero, porque eso depende de contratos privados entre cada artista y su sello.

O sea que la plataforma sabe cuánto entregó, pero no cuánto llegó.

No existe la tarifa por reproducción

Esto también es oficial. La propia documentación de Spotify para artistas dice que no paga regalías según una tarifa por reproducción, y que ningún servicio grande de streaming lo hace.

Lo que hay es un bote. Spotify junta los ingresos de un mercado en un mes, por suscripciones y por publicidad, y reparte ese dinero entre los titulares de derechos según el porcentaje de reproducciones que le corresponde a cada uno. En la jerga se llama streamshare.

De ahí salen dos consecuencias que casi nadie tiene en cuenta.

La primera es que tu suscripción no va a los artistas que escuchas. Va al bote. Si oyes doscientas veces al mismo cantante independiente, ese dinero se diluye igual entre todo el catálogo mundial.

La segunda es que la cuenta cambia cada mes. Si un artista enorme saca disco y acapara reproducciones, el trozo de todos los demás se achica sin que hayan perdido un solo oyente.

Las cifras de tres a cinco milésimas de dólar por reproducción que circulan por internet son estimaciones hechas a partir de liquidaciones reales. Sirven para orientarse. No son un precio.

En cuántas partes se corta

La consultora MIDIA Research calculó en 2024 cómo se reparte una unidad de ingreso de streaming: alrededor del 30% se queda en la plataforma, un 56% va al lado de la grabación, o sea sellos, distribuidoras y artistas, y un 14% al lado editorial, que son editoriales, sociedades de autor y compositores. De ese último trozo, los compositores se llevan el 68%, y si la canción tiene varios autores, se vuelve a dividir.

Falta el corte más importante, que ocurre después.

En Reino Unido, la Autoridad de Competencia y Mercados calculó en un estudio de 2021 que la tasa media de regalías para artistas firmados con sellos grandes ronda el 26%. Aplicando esa proporción, el intérprete termina quedándose con cerca del 16% del valor total de una reproducción.

Ese es el número que conviene recordar, con la advertencia de que sale de un mercado concreto y de un estudio de hace cinco años. Bajo esa proporción, de cada dólar que genera una canción, el que la canta ve unos dieciséis centavos, y eso antes de descontar comisiones de mánager y de equipo.

Los dos dineros de una canción

Una canción genera dos flujos de dinero distintos, y confundirlos es el origen de la mitad de las discusiones.

Uno es la grabación: la versión concreta que suena. Ese dinero va al dueño del máster, que en la mayoría de los casos es el sello, no el artista.

El otro es la composición: la letra y la música. Ese dinero va a quien escribió la canción, sin importar quién la cante.

Por eso quien escribe puede ganar más que quien canta. El ejemplo más claro lo dio Dolly Parton, que escribió «I Will Always Love You» en 1973 y nunca cedió la edición. Cuando Whitney Houston la convirtió en un fenómeno mundial en 1992, el dinero de autor volvió a Parton.

Y explica de qué va el conflicto de Tini Stoessel con su padre. La discusión no es cuánto factura su carrera. Es en nombre de quién están firmados esos derechos.

Las canciones que no cobran nada

Desde abril de 2024, un tema necesita al menos mil reproducciones en los últimos doce meses para empezar a generar regalías en Spotify. Si no llega, no cobra, y ese dinero se reparte entre los que sí superaron el umbral.

La medida se tomó contra el fraude y contra las pistas generadas por bots que se llevaban micropagos de fracciones de centavo. Tiene sentido. También significa que un catálogo de canciones dormidas no produce nada.

Cuánta gente vive de esto

En marzo de 2026, Spotify informó que pagó 11.000 millones de dólares a la industria durante 2025, y que su total acumulado histórico llega a 70.000 millones.

El reparto de esa montaña se ve así: unos 80 artistas en todo el mundo generaron más de 10 millones de dólares en regalías anuales. Alrededor de 1.500 superaron el millón. Más de 13.800 pasaron de los 100.000 dólares, casi el doble que en 2015.

Hay un dato que suele quedar tapado por los anteriores: en 2024, los artistas y sellos independientes generaron más de 5.000 millones, aproximadamente la mitad de todo lo que pagó la plataforma ese año.

Generado no es cobrado

Todas esas cifras miden regalías generadas, no dinero cobrado. Es la distinción que Spotify repite en cada informe y la que los titulares suelen borrar.

Entre lo que una canción genera y lo que su artista recibe hay un contrato, un anticipo por recuperar, un porcentaje de sello, una comisión de distribuidora y, a veces, una empresa a nombre de otra persona.