Cuando Tim Robbins recibió los guiones de «Silo», el mundo estaba cerrado. Él estaba en su casa, como todos, y lo que leyó fue una serie sobre diez mil personas encerradas bajo tierra, gobernadas por reglas que nadie puede cuestionar, donde al que no cumple lo expulsan. «Me quedé pasmado», dice. «Estaba leyendo sobre una civilización en confinamiento, donde cumplir era obligatorio, donde a los que no cumplían los sacaban de la sociedad educada y de la sociedad entera. Todos esos paralelos, los mecanismos de intimidación para controlar el silo, la deshonestidad, la desinformación. No podía creer mi suerte. Era como si alguien me hubiera puesto un regalo en el regazo y me dijera: oye, Tim, ¿querías contar una historia sobre lo que está pasando ahora mismo? Y la respuesta fue, sin ninguna duda, sí».
Cinco años después, la tercera temporada de «Silo» está completa en Apple TV. Sus diez episodios salieron uno por semana entre el 3 de julio y el 4 de septiembre. Es la temporada en que la serie se parte en dos. Por un lado sigue a Juliette (Rebecca Ferguson), que sobrevivió a la limpieza forzada del final anterior y volvió sin memoria. Por otro salta trescientos años atrás, a Washington, para contar cómo empezó todo, con una periodista (Jessica Henwick) y un congresista (Ashley Zukerman) que destapan una conspiración. También es la temporada en que Robbins se despide de Bernard Holland. Apple publicó un video de homenaje a su última escena en el set, con un resumen del camino del personaje que la propia plataforma describe como el paso de villano a héroe. La cuarta temporada, la última, ya tiene fecha: 9 de julio de 2027.
Robbins tiene 67 años. Es el de «The Shawshank Redemption», el de «Mystic River» (Oscar en 2004), el director de «Dead Man Walking» y el autor de «Bob Roberts», la sátira política que escribió, dirigió y protagonizó en 1992. Bernard, el jefe de informática del Silo 18 que en realidad lo controla todo, es el papel más largo que ha tenido en televisión y de los más difíciles de clasificar: antagonista, protector, y en esta temporada alguien que busca algo parecido a la redención.
Rubén Peralta le pregunta cómo se mueve entre esas tres cosas. Robbins arranca por un principio que aplica a cualquier papel. «Con cualquier personaje, por más que el público lo perciba como el malo, siempre busco la humanidad. Y hay humanidad en todos. Hasta la peor gente tiene madre, tuvo infancia, tiene hijos, hace cosas lindas en Navidad. Lo que los lleva por el camino que nosotros consideramos el del malo es coincidencia, accidente y malas decisiones».
Después cuenta lo que le dijo Graham Yost, el creador de la serie, cuando empezaron. «Me dijo: Bernard puede que no sea el malo en esto. Fue un acertijo precioso que me dejó para resolver». La solución la encontró leyendo los guiones de la primera temporada. «Entendí que él guardaba información que nadie más podía tener, y que por eso tenía que tomar decisiones que en la superficie eran impopulares. Pero si de verdad entendieras lo que habría pasado si no las hubiera tomado, lo entenderías».
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Y entonces se compara con su personaje desde un lugar que pocos actores tienen. Desde 1981 dirige The Actors’ Gang, una compañía de teatro sin fines de lucro en Los Ángeles que, entre otras cosas, lleva talleres a cárceles de California. «Como alguien que ha dirigido una organización sin fines de lucro durante tantos años, esto lo entiendo bastante íntimamente. A veces tienes que guardar información y no puedes decir todo. Pero tienes que tomar decisiones basadas en tu código moral y en lo que crees que es correcto para la organización, no para el individuo. Entiendo lo difícil que es, y cómo eso puede partir a una persona en dos. Sobre todo si lo que diriges no es una compañía de teatro sino una civilización entera. Ahí el grado de las decisiones es un poco más radical y horrible».
Peralta le devuelve una idea que le dijeron alguna vez: que la diferencia entre el bueno y el malo es que el bueno quiere evitar que a otros les pase lo que le pasó a él, y el malo quiere que les pase. Robbins la traduce al idioma de Bernard. «Es como haber sido educado en una doctrina y olvidar ciertas lecciones para sobrevivir y prosperar en la situación en la que estás. Trata a los demás como quieres que te traten a ti. Sí, eso lo he oído, pero no lo voy a usar porque no cabe en la descripción de mi trabajo».
Hay una frase que Robbins ha repetido en la promoción de esta temporada y que Peralta le pide que explique: que «Silo» le devolvió el hambre de actuar. Da dos razones. La primera es el personaje. «El arco emocional, el arco de descubrimiento, la posibilidad de interpretar algo tan dramático de principio a fin a lo largo de tres temporadas». La segunda es cómo se hizo la serie, y aquí se pone más concreto de lo que suele ponerse un actor en promoción. «El ambiente en el que trabajamos. Las horas que hacíamos en el set, que no eran demasiado largas. La gente tratada bien y respetada, y hablo de todos: equipo técnico, actores, guionistas, directores. Un ambiente de familia, con cuidado y compasión. Y muchas veces no es así». Luego cuenta la otra cara. «He estado en series que parecen movidas por un deseo raro de sobrecargar a la gente, de dejarte tan agotado que ya no te importa nada. Tener un productor que nos cuidara de una forma que hiciera fácil hacer tres temporadas es bastante raro».
Peralta lanza una comparación que Robbins admite no haber escuchado antes: que Bernard tiene algo de Bob Roberts, el candidato al Senado de su película de 1992, un cantante folk de derecha que sonríe mientras miente. «Interesante. No había oído esa. Lo voy a pensar». Y la piensa en voz alta. «Bob es tan duplicado como Bernard, es verdad. Canta canciones folk para que la gente lo quiera. Supongo que Bernard hace cosas parecidas. Pero digamos que Bernard tiene un arco de redención que Bob nunca tuvo».
Robbins lleva décadas usando la ficción para hablar del presente. Fue una de las voces más visibles de Hollywood contra la guerra de Irak en 2003, cuando eso costaba invitaciones y portadas, y nunca separó su trabajo de sus ideas. Cuando Peralta le dice que no imagina a otro actor en este papel, responde con lo que para él es la razón de ser del género. «Me encanta contar historias que son metáforas de la vida, y eso es algo que la ciencia ficción hace bien. Imaginar una sociedad así en el futuro para contar una historia de ahora».
Por eso los guiones lo dejaron pasmado en el confinamiento. Lo que leía sobre el silo lo estaba viendo por la ventana.
Las tres temporadas de «Silo» están completas en Apple TV. La cuarta y última llega el 9 de julio de 2027.
Entrevista realizada por Rubén Peralta en colaboración con Popticular.com.
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