Selena le cantó a The Pretenders y nadie se dio cuenta: los éxitos en español que vinieron de afuera

«Fotos y recuerdos» es de Chrissie Hynde, «Mi gran noche» era una canción sobre emborracharse solo y «Toda la vida» llegó al número uno dos veces en 1986 con dos cantantes distintos. Los créditos siempre estuvieron ahí; nadie los leyó.

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Selena | Foto cortesía
Selena | Foto cortesía

Hay canciones que cualquier hispano en Estados Unidos se sabe completas aunque no le guste la música. Suenan en bodas, en quinceañeras, en el carro de la mamá, en la cocina del abuelo. Una parte de esa lista se escribió en otro idioma. Alguien la tradujo y a veces, de paso, le cambió la historia.

Todo está en los créditos de los discos. Nadie lee los créditos.

«Mi gran noche» la grabó Raphael en 1967 para la película del mismo nombre. Desde entonces es el himno de todo lo que empieza bien: bodas, despedidas, festivales indie, tribunas de fútbol. La melodía es de Salvatore Adamo, cantante belga de origen italiano, que la había publicado un año antes como «Tenez-vous bien». Y la letra original cuenta algo bastante distinto. Un muchacho se va de su casa, termina en un bar, las chicas bailan sin mirarlo y él se ahoga en whisky. Rafael de León escribió la versión en español y le dio vuelta: donde había un tipo bebiendo solo, puso a uno vistiéndose para salir con una chica. La misma música sirve para las dos cosas.

Julio Iglesias le debe una de sus canciones más grandes a Johnny Hallyday. «Me olvidé de vivir» (1978) es «J’ai oublié de vivre», que Hallyday había cantado en francés el año anterior. Julio la adaptó con el Dúo Dinámico, Manuel de la Calva y Ramón Arcusa. Hoy en Francia hay gente que conoce primero la versión en español.

Con «Toda la vida» pasó algo raro. Es de Lucio Dalla, uno de los cantautores más importantes de Italia, que la publicó como «Tutta la vita» en 1984. Dos años después el italiano Franco Simone llegó al número uno de la lista latina de Billboard en Estados Unidos con su versión en español. Quien lo sacó del primer lugar fue Emmanuel, con la misma canción. La de Emmanuel se quedó 30 semanas en el número uno de México. Dalla nunca fue tan famoso en Latinoamérica como esa canción.

Dos de los éxitos más grandes del pop femenino mexicano de los 80 salieron de Sanremo. «Maldita primavera», con la que Yuri se volvió estrella en 1982, es «Maledetta primavera» de Loretta Goggi, segundo lugar en el festival de 1981. «Yo no te pido la luna», que Daniela Romo grabó en 1984, es «Non voglio mica la luna», con la que Fiordaliso había competido ese mismo año. Las dos italianas grabaron después sus propias versiones en español. Ninguna pegó. Para el público hispano las canciones ya eran de Yuri y de Daniela.

Ricardo Montaner tradujo «Tan enamorados» él mismo. Es de Gianni Togni, un cantautor romano que la había publicado como «Per noi innamorati» en 1983. Montaner dejó una pista de cómo trabajó: cuando canta «te juro que arriba te amaré más» está jugando con el «arriva» del original, que en italiano significa «llega» y en español sonaba igual queriendo decir otra cosa. Togni también grabó una versión en español. Tampoco pegó.

Los dos temas más bailables de la primera etapa de Luis Miguel vienen de afuera. «Ahora te puedes marchar» (1987) es «I Only Want to Be with You», el primer éxito de Dusty Springfield en 1963, con letra de Luis Gómez-Escolar. «Será que no me amas» (1990) es «Blame It on the Boogie» de The Jacksons, de 1978. En México casi nadie lo notó porque ninguna de las dos había sido un hit allá. Luis Miguel las trajo prácticamente nuevas.

«Vuela vuela» tampoco es de Magneto. Es «Voyage, voyage» de Desireless, un éxito francés de 1986 que sonó en toda Europa. La versión de Magneto se volvió tan grande en México y Estados Unidos que si buscas la canción en YouTube te aparece primero la de ellos.

Y Selena le cantó a The Pretenders sin que casi nadie se diera cuenta. «Fotos y recuerdos» (1994) es «Back on the Chain Gang», de 1982, con letra nueva de Ricky Vela. Chrissie Hynde figura como autora. Por eso «Amor prohibido» suena distinto a todo lo que se hacía en el tejano de ese momento: tenía una canción de rock británico escondida adentro.

Roberto Carlos es el caso más grande. «Detalles», «Amigo», «Un millón de amigos», «Cama y mesa». Todas se escribieron en portugués, casi todas con Erasmo Carlos, y él las regrabó en español para el mercado hispano. Funcionó tanto que en muchas casas latinas nadie sabe que es brasileño hasta que lo escucha hablar.

Una reciente, para cerrar la lista. El estribillo de «Waka Waka», el himno del Mundial 2010, no lo escribió Shakira. «Zangalewa» era una canción de 1986 del grupo camerunés Golden Sounds, popular en toda África occidental. La banda reclamó, quedó acreditada y cobró. La canción pasa hoy de 4.000 millones de reproducciones en YouTube.

El tráfico va en las dos direcciones, para que conste. «Sway», que Dean Martin grabó en 1954 y Michael Bublé revivió medio siglo después, es «¿Quién será?», un mambo del mexicano Pablo Beltrán Ruiz de 1953. «It’s Impossible», el éxito de Perry Como de 1970, es «Somos novios» de Armando Manzanero.

Traducir una canción y hacer que suene como si siempre hubiera existido en tu idioma es un oficio. Fiordaliso y Togni lo intentaron con sus propias canciones y no les salió. A Yuri, a Daniela Romo y a Montaner sí. La próxima vez que suene «Mi gran noche» en una boda, ya tienes tema para la mesa.