Así se resolvió el rompecabezas de los 11 minutos: lo que funcionó (y lo que no) del primer medio tiempo de un Mundial

Madonna llegó en un auto manejado por Ronaldo, los Muppets remaron como Noruega, Ted Lasso hizo de pegamento y Shakira se llevó la noche. El experimento que la FIFA copió del Super Bowl ya tiene veredicto, y va a cambiar las finales para siempre.

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Shakira x Spotify | cortesía RockOrange
Shakira x Spotify | cortesía RockOrange

Antes de la final nos hicimos una pregunta que parecía imposible de responder: ¿cómo se meten Madonna, Shakira, BTS, Justin Bieber, Coldplay y una orquesta dirigida por Dudamel en once minutos? El domingo, ante más de 80.000 personas en el MetLife y millones de pantallas, Chris Martin —el curador del espectáculo— mostró su solución: una canción por artista, formato de relevos sin respiro, y actores haciendo de bisagra entre bloque y bloque. Funcionó mejor de lo que casi todos esperaban. Aunque no para todos, y de eso también hay que hablar.

Lo que pasó, en orden

El arranque fue una declaración de intenciones: Madonna, 67 años, entrando a la cancha en un auto conducido por Ronaldo Nazário y escoltada por Ronaldinho —la realeza del pop presentada por la realeza del fútbol. Después, el momento que ya es meme eterno: una orquesta gigante al mando de Gustavo Dudamel tocando «Seven Nation Army», el himno no oficial de las canchas, con los Muppets entre los músicos haciendo el «remo» noruego, la celebración que Haaland y compañía pusieron de moda en este Mundial. Sí, leyeron bien: los Muppets remando al compás de Dudamel. El Mundial de 2026 fue muchas cosas, pero solemne no.

BTS metió al estadio en el bolsillo con «Dynamite», y entonces apareció el pegamento del show: Jason Sudeikis y Brendan Hunt, en sus personajes de Ted Lasso, dieron pie a Justin Bieber, que se plantó solo con una guitarra acústica para «Everything Hallelujah». El detalle no es menor: Bieber venía golpeado por las críticas a su presentación en Coachella, y esta vez, cantando en vivo y desnudo de producción, se llevó una de las ovaciones de la noche. La redención en once minutos también cabe.

El cierre fue para quien tenía que ser. Shakira —a estas alturas realeza de los Mundiales por derecho propio— cantó «Dai Dai», el tema oficial del torneo y número uno del Billboard Global 200, junto a Burna Boy y los Ghetto Kids de Uganda, los niños bailarines que son fenómeno en TikTok. Billboard describió ese momento como la mayor explosión colectiva de la noche: cuando la colombiana gritó «¡más fuerte!», el experimento dejó de parecer un ensayo y se convirtió en un estadio en erupción. El PS22 Chorus con Chris Martin puso el final emotivo, y todos los artistas terminaron saltando juntos en el escenario central.

El pero, porque hubo pero

Las reacciones en redes fueron divididas, y conviene registrarlo con honestidad. Del lado del aplauso: la vigencia de Madonna, la sorpresa de los Muppets, la redención de Bieber y el cierre de Shakira. Del lado de la queja, el argumento purista que anticipamos desde la previa: que el espectáculo diluyó el pulso del partido, ese silencio táctico del entretiempo que para muchos hinchas es sagrado. No es un reproche menor viniendo de una final que se definió en el alargue: hay quien sostiene que a los jugadores y al partido les vendría mejor un descanso que una fiesta.

El veredicto que importa

Pero seamos francos sobre cómo se mide esto. La FIFA no montó el show para los puristas; lo montó para el espectador global que quizás no ve fútbol, y a ese público lo capturó por completo: el medio tiempo fue de lo más comentado del torneo, generó más conversación que muchos partidos y le dio al evento una segunda audiencia. Con esos resultados, nadie en Zúrich va a dar marcha atrás. El medio tiempo vacío de las finales murió el domingo, y lo más probable es que en 2030 la pregunta ya no sea si habrá show, sino quién lo protagoniza.

Queda una nota al pie con sabor local: en medio del cartel más caro del pop mundial, el venezolano Dudamel dirigiendo a los Muppets fue de los momentos más celebrados de la noche. El mismo Dudamel que en un mes, el 23 de agosto, cambia el MetLife por el Hollywood Bowl para su concierto benéfico por Venezuela. De la fiesta más grande del planeta a la causa más urgente de su país, sin soltar la batuta.