Se acabó el suspenso y hay que decirlo tal cual: nos quedamos cortos. El sábado escribimos que La Odisea proyectaba entre 90 y 100 millones en Estados Unidos y unos 200 globales para su fin de semana de estreno, cifras que ya parecían una locura para una película de tres horas compitiendo contra la final del Mundial. Los números oficiales de Universal, confirmados por Reuters: 124,5 millones en Estados Unidos y Canadá, 139,6 en el resto del mundo, 264,1 millones en total. No es el mejor estreno de Nolan fuera de Batman, como anticipábamos. Es el mejor estreno de Nolan, punto: superó los 249 millones con los que abrió The Dark Knight Rises en 2012, su récord de toda la vida.
Repasemos lo que este fin de semana tenía enfrente: la final Argentina-España, el primer show de medio tiempo de la historia del torneo, una de las transmisiones más vistas que se recuerden. Y aun así, la película fue número uno en todos los países donde se estrenó —Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, India, México, Brasil, la Argentina de la final incluida— y firmó el cuarto mejor debut de la historia para una película con clasificación para adultos, según Deadline. También el mejor estreno en la carrera de Matt Damon, que lleva treinta años estrenando películas.
La imagen que resume todo: cine a las tres de la mañana
Entre todos los datos hay uno que vale más que los porcentajes. Ante la demanda de funciones IMAX —el formato agotado desde hace un año, que aportó el 23% de la taquilla global—, más de cincuenta cines de Norteamérica abrieron funciones entre la medianoche y las siete de la mañana. Gente comprando entradas para ver a Homero a las tres de la madrugada, el mismo fin de semana en que «no había espacio» para nada que no fuera fútbol. El público le dio además una A en CinemaScore y un 97% de aprobación en Rotten Tomatoes, lo que anticipa el boca a boca que Universal necesita: la película requiere unos 625 millones para cubrir sus 250 de producción más 125 de marketing, y todavía le faltan por abrir mercados asiáticos importantes.
El contraste con la otra cara del verano siguió su curso, por cierto: el remake de Moana cayó 56% en su segunda semana y acumula 178 millones, confirmando todo lo que ya sabíamos de ese naufragio.
La regla quedó al revés
Cerremos el experimento como se abrió, con la pregunta de hace cuatro días: ¿puede el cine-evento convivir con el evento televisivo más grande del planeta, o la atención es un pastel que no alcanza para todos? Respuesta medida en dólares: no solo conviven, se alimentan. El fin de semana más congestionado del entretenimiento en años no dividió al público, lo activó. La gente vio la película el viernes, el partido el domingo y volvió a hablar de las dos el lunes. La atención no resultó ser un pastel: resultó ser un músculo, y este fin de semana lo ejercitaron millones.
Para los estudios, la lección es incómoda porque elimina la excusa. Ya no se puede culpar al calendario, al Mundial, al streaming ni a la supuesta muerte de las salas: una adaptación de un poema de hace tres mil años, sin franquicia y con clasificación restrictiva, acaba de romper el récord personal del director más taquillero de su generación en el peor fin de semana teórico del año. Cuando el evento vale la pena, el público aparece. Siempre estuvo ahí. Lo que escasea no es la audiencia: son las películas que la merecen.




















