Hay shows de medio tiempo que se sienten como un concierto. Y hay otros que se sienten como una declaración.
El Apple Music Super Bowl LX Halftime Show, encabezado por Bad Bunny el 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, fue las dos cosas… pero sobre todo fue un recordatorio de que lo latino ya no “llega” a los escenarios grandes: los está rediseñando desde adentro.
La prensa internacional lo dijo sin rodeos. “Bad Bunny has rewritten Super Bowl history”, tituló Variety Australia. Billboard lo resumió con una frase que se ha repetido toda la semana: “If the night proved anything, it’s that Bad Bunny is redefining what’s possible on the world’s biggest stages.” Y Rolling Stone fue directo al punto: “The superstar staged an upbeat blowout for the books, complete with dancers, tons of Puerto Rican pride, and even a Lady Gaga appearance.”
La diferencia es que, más allá de la emoción, el show venía con un contexto que lo hacía todavía más pesado (en el mejor sentido): Bad Bunny acababa de hacer historia días antes en los GRAMMY 2026, cuando “DeBÍ TiRAR MáS FOToS” se convirtió en el primer álbum completamente en español en ganar Album of the Year, y además el primero en conseguir ese honor tanto en los GRAMMYs como en los Latin GRAMMYs.
Y con ese momentum, se subió al escenario más visto del planeta como el primer artista latino masculino en encabezar el Halftime Show.
Un show de 13 minutos que se sintió como una película
La estructura del show no fue “hit tras hit” sin respiración. Fue una especie de recorrido cinematográfico.
Según el comunicado oficial del evento, todo comenzó con un intro en español, en un paisaje de campos de caña de azúcar, y luego el estadio se transformó en un universo inspirado en el campo puertorriqueño. La narrativa estaba clara: este no era un show “sobre Bad Bunny”. Era un show sobre lo que lo formó.
El performance abrió con él cruzando el campo con un balón de fútbol americano en la mano, mientras cantaba “Tití Me Preguntó”, con un escenario que evocaba esos campos de caña, en un gesto que el mismo comunicado define como un homenaje a la herencia latina, al trabajo y a las generaciones anteriores.
A partir de ahí, el estadio se llenó de escenas que parecían sacadas de un barrio real: un nail salon, un puesto de tacos, un barbero, un vendedor de piraguas al estilo Viejo San Juan, y hasta boxeadores entrenando. La idea era simple: poner lo cotidiano —lo latino de verdad— en el centro del espectáculo.
La presentación de Bad Bunny en el Super Bowl, la puedes ver completa haciendo click aquí.
El setlist de Bad Bunny en el Super Bowl 2026
En un show de este tamaño, el setlist importa porque no es solo música: es curaduría. Y Bad Bunny eligió canciones que funcionan como hits globales, pero también como piezas identitarias.
Estas fueron las canciones interpretadas durante el medio tiempo del Super Bowl 2026, de acuerdo con reportes de medios que cubrieron el evento:
Tití Me Preguntó
Yo Perreo Sola
Safaera
Party
Voy a llevarte pa’ PR
EoO
MÓNACO (como parte de un momento de transición con orquesta)
Die With a Smile (Lady Gaga, con arreglo especial)
Baile Inolvidable
NUEVAYoL
LO QUE LE PASÓ A HAWAii (con Ricky Martin)
El Apagón
CAFé CON RON
DtMF
Más que un setlist, fue un mapa: reggaetón, himnos de fiesta, un toque de salsa, política, orgullo, nostalgia y ese sentido de “barrio global” que Bad Bunny domina como pocos.
La Casita: el momento más íntimo en el escenario más grande
Uno de los momentos clave fue la llegada a La Casita, un elemento que Bad Bunny ha usado en sus shows y que nació en su residencia, como símbolo de la tradición puertorriqueña de la “party de marquesina”.
La Casita funciona como ese lugar donde la energía cambia: donde el show deja de ser show y se vuelve reunión. Y por primera vez, ese espacio íntimo apareció en el Super Bowl.
Según el comunicado, La Casita se ha convertido en un punto de encuentro en su gira, donde han pasado artistas, atletas y figuras culturales. En otras ciudades y shows, ese espacio ha recibido a nombres como KAROL G, Young Miko, Pedro Pascal, Cardi B, Jessica Alba y más.
Llevarlo al Super Bowl no fue solo un guiño visual. Fue decirle al mundo: esta casa también es América.
Lady Gaga, Ricky Martin y el giro emocional del show
El show se expandió luego a un auto shop, con Bad Bunny cantando sobre una pickup truck, y después entró en uno de los momentos más comentados: una orquesta pequeña, dirigida por Giancarlo Guerrero, que acompañó el tramo de “MÓNACO”.
Y entonces llegó el centro emocional y visual del performance: el escenario principal, que representaba a Puerto Rico.
Ahí el show se fue a salsa. Los Sobrinos tocaron en vivo junto a Lady Gaga en “Die With A Smile”, con un arreglo especial de Big Jay. Después Bad Bunny entró para cantar “Baile Inolvidable”.
Pero el momento más inesperado fue este: mientras sonaba la música, una pareja se casó en vivo en el escenario. El comunicado explica que habían invitado a Bad Bunny a su boda, y terminaron siendo parte del Halftime Show. Bad Bunny incluso firmó como testigo.
Eso no fue un truco. Fue un gesto. Un recordatorio de que, para él, el show también es comunidad.
El detalle que convirtió el show en mensaje
Uno de los momentos más potentes no fue una canción. Fue una pausa.
Según la descripción oficial, Bad Bunny se acercó a un fan joven que estaba con sus padres, un niño que lo había visto ganar Album of the Year días antes. Y el momento se sintió como una idea convertida en escena: todos somos ese niño alguna vez, mirando a alguien y creyendo que sí se puede.
Después llegó Ricky Martin con “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”, sentado en un set inspirado en la portada de “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”.
Y ahí el show entró en su tramo más político: “El Apagón”, con Bad Bunny cargando la bandera de Puerto Rico mientras caminaba hacia una estructura de poste eléctrico.
El final: “Together, we are America”
En el cierre, volvió el balón. Sonó “DtMF”. Bad Bunny anotó un touchdown, levantó un balón que decía “TOGETHER, WE ARE AMERICA”, mientras un billboard gigante detrás mostraba el mensaje: “THE ONLY THING MORE POWERFUL THAN HATE IS LOVE”.
Todo el elenco salió cantando junto. Detrás, banderas de las Américas.
No fue sutil. Y no tenía por qué serlo.
Como escribió USA Today, Bad Bunny “commanding the stage with swagger and unapologetic authenticity.” O sea: llegó con presencia, con seguridad y sin pedir permiso.
Por qué este show se va a seguir hablando por años
El Halftime Show de Bad Bunny no fue importante solo por el setlist o por Lady Gaga. Fue importante porque se sintió como una respuesta cultural en tiempo real.
En un país donde la conversación sobre inmigración, identidad latina y pertenencia sigue siendo una herida abierta, Bad Bunny convirtió el show más mainstream del mundo en un performance que no diluyó su idioma, ni su estética, ni su historia.
El Super Bowl no cambió por él.
Él cambió el Super Bowl.
Y por eso, cuando el polvo baje, este show se va a quedar como uno de esos momentos que no se recuerdan solo por “lo bien que estuvo”, sino por lo que significó.























