Antes de entrar a escena, Guitarricadelafuente corría. Subía y bajaba escaleras, hacía sentadillas y flexiones hasta quedar sudado y sin aire. Solo entonces escuchaba «acción».
Lo cuenta uno de Los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi, en una conversación con Popticular en Miami, unas semanas antes de que La bola negra llegue a Netflix. «Le mandábamos a correr arriba y abajo escaleras para que acabara sudando», dice. «Entraba en acción y estaba sudando, agitado». Cuando le recuerda que casi no se acuerda del rodaje, el cantante responde con una frase corta. «Lo bloqueé. Una vida pasada».
Es su primer papel en el cine. Interpreta a Sebastián, un soldado del bando nacional que en 1937 vigila a un prisionero republicano herido, Rafael Rodríguez Rapún, el último amor de Federico García Lorca. Hoy suena como candidato a mejor actor de reparto y también a mejor canción original por La nieve, que él mismo escribió. Pero en la entrevista habla poco de premios. Habla, sobre todo, de lo difícil que le resultó soltar al personaje.
UNA PELÍCULA CON DEMASIADOS FINALES
Le pregunto cómo se sintió el día del último «¡corten!», y la respuesta se complica enseguida. «¿Cuál fue el último día? Hubo muchos», dice Guitarricadelafuente. Los directores empiezan a contar en voz alta. «Acabamos Cantabria, luego acabamos en Madrid con Penélope, luego acabamos…», enumera uno de ellos. «Fueron muchos finales, ¿no?».
El rodaje fue largo y repartido. «Estuvimos como dos meses viviendo en Cantabria», recuerda el actor. «Luego fuimos a Sigüenza, donde se rodó la escena de teatro. Es como que no abandonabas nunca ese personaje».
Cantabria no es un decorado cualquiera para esta historia. En Santander, la capital de esa región, cayó herido el verdadero Rafael Rodríguez Rapún en agosto de 1937, y ahí murió días después, un año después del asesinato de Lorca. La película también sitúa en esa ciudad a Nené, la vedete que interpreta Penélope Cruz y que canta para las tropas franquistas.
Al final, los directores dan con el que cuenta. Fue en la escena del desfile, con Sebastián en un camión. «Ese plano de la manita entre Sebastián y Rafael fue el último plano de Álvaro», dice uno de los directores, usando el nombre real del cantante, Álvaro Lafuente. Guitarricadelafuente solo suelta un «uff».
LA CANCIÓN COMO EXCUSA PARA QUEDARSE
Después del rodaje vino otro final que no fue final. «Luego la canción», dice el actor, y uno de los directores completa la frase: «Luego, ahora aquí estamos».
La canción es La nieve, el tema original de la película, que Guitarricadelafuente escribió con Raül Refree y que salió en septiembre. En la entrevista explica para qué le sirvió. «Era una manera de seguir conviviendo con ello, para no perder todavía la noción de la historia», dice.
La frase cambia la forma de escuchar el tema. En otras entrevistas, el cantante ya había contado que se inspiró en la última carta de Lorca y en todo lo que su personaje nunca dijo. Aquí suma algo más íntimo. La canción también fue su forma de no despedirse de Sebastián.
Cuando habla del equipo, elige una palabra poco común para hablar de un rodaje. «Se sentía un sentimiento de comunión», dice. «Cada persona en ese equipo estaba muy vinculada a lo que estaba haciendo de una manera muy personal». Y aclara de qué tipo de ambición habla. «No en el término comercial, sino la ambición personal de cada persona que se sentía conectada con lo que estaba contando. Había como una solemnidad preciosa».
Uno de Los Javis lo dice de otra forma. «Se nos iba la vida en hacer esta película». Y admite que no sabe del todo por qué. «Desde el guion, todo el equipo se implicó de una manera bestial, y creo que eso es lo que hace que se traspase la pantalla».
«FUE BASTANTE ATERRADOR»
Guitarricadelafuente nunca había actuado. Su carrera estaba en la música, con discos y giras, y de pronto le tocaba sostener la historia central de la película más ambiciosa de Los Javis. Él no esconde lo que sintió al principio. «Fue algo bastante aterrador», dice. «Se veía como un reto muy ambicioso».
Lo que lo convenció fue la confianza de los directores. «Sentí desde el primer momento que estuvimos de la mano, y fue su confianza la que me hizo entrar en esta historia», explica. Ahora no piensa dejarlo. «Es una experiencia adictiva», dice. «Me permite conocer diferentes historias, y como músico es algo que me inspira mucho. Es algo que quiero seguir haciendo».
Esa mezcla de miedo y entrega se nota en la pantalla. Sebastián casi no habla, y todo lo que siente pasa por la mirada y el cuerpo. Las carreras por las escaleras servían para eso, para que llegara a cada escena agitado, como alguien que vive en plena guerra.
LORCA, OTRA VEZ EN LA CONVERSACIÓN
Cuando salí de la proyección en Miami, varios periodistas nos quedamos hablando en la puerta, algo que casi nunca pasa después de una función de prensa. Se lo cuento a los directores y les pregunto si ese es el propósito del arte. «Hombre, sí, claro, absolutamente», responde uno de ellos. «Yo siempre busco ver películas, leer libros, ir al teatro para sentir eso que sentí cuando decidí dedicarme a esto».
El otro va más lejos y pone el foco en Lorca. Le entusiasma que la gente vuelva a comprar sus libros y que la película provoque reacciones distintas según la edad. «Que gente superjoven diga ‘¿qué es esto?’. Que gente mayor diga ‘pues fíjate, yo nunca lo había leído con este enfoque'», dice. «Que Federico García Lorca esté en la conversación es algo precioso». También habla de la historia, la propia y la de cada familia. «Creo que da para mucho, y eso me encanta».
En la película, una bola negra es el voto que deja a alguien fuera de un club. Al final de la entrevista les pido lo contrario. ¿A qué le dan bola blanca? La respuesta llega rápido. «A toda la gente que trae buen rollo».
La bola negra sigue en cines y llega a Netflix el 2 de diciembre en Estados Unidos y Canadá.
Mira la entrevista completa aquí:




