Julita Conde: la creativa argentina que convirtió los 2000 en un universo propio

0
40

Hay carreras que se explican con una línea recta y otras que nacen de un golpe de intuición. La de Julita Conde pertenece a ese segundo grupo: una mezcla de talento precoz, obsesión por las historias y una sensibilidad visual que hoy la tienen como una de las mentes creativas jóvenes más respetadas de Argentina, la música latina y la industria audiovisual internacional.

Julita tiene esa energía de alguien que no fuerza las cosas; las observa, las interpreta y las convierte en mundos. Y, aunque hoy su nombre suena con fuerza en giras, videoclips, conceptos visuales y proyectos creativos, todo empezó por accidente… o por destino.

De casi ser matemática a descubrir historias frente a una cámara

Julita cuenta que su vida iba directo hacia las matemáticas. “Yo iba a estudiar ingeniería civil, nada que ver”, recuerda entre risas. Pero en el último año del colegio, un trabajo práctico —un cortometraje estudiantil— le movió el piso.

Hasta ese momento, contar historias era un juego con sus hermanas. Nunca lo imaginó como profesión. Pero cuando proyectó su corto en clase y escuchó a sus compañeros reír justo donde ella había puesto un chiste, algo se encendió. “Ahí entendí que el audiovisual tenía una capa que yo no conocía. Me di cuenta de que podía decir algo y provocar una reacción”, explica.

Ese día dejó los números y se lanzó al cine.

Una creativa antes que cualquier etiqueta

Aunque se ha vuelto conocida por su trabajo en la música, especialmente por su impacto en el universo visual de Emilia Mernes, Julita insiste en que su identidad va más allá de “dirección creativa”: ella es, sobre todo, una narradora.

Su salto definitivo llegó cuando se incorporó al equipo del show “Tu crees en mí?”, donde Emilia buscaba contar una historia ligada a su infancia, el bullying y cómo transformó ese dolor en impulso. Ahí Julita encontró un territorio que podía moldear.

Más tarde, con el proyecto “mp3”, el vínculo entre ambas se volvió icónico. Emilia quería algo conceptual, nostálgico, inspirado en los 2000; pero Julita quería evitar hacerlo desde la nostalgia vacía. Así que buscó en su propia memoria y en su propia casa.

“Me di cuenta de que en mi familia guardábamos miles de cosas de esa época: revistas, Gameboys, celulares de tapita… toda esa tecnología que irrumpió en las casas entre los 90 y los 2000”, cuenta. Y de esa exploración salió una de las identidades visuales más fuertes de la música pop argentina en años recientes.

El concepto, los personajes, la estética y el humor terminaron explotando en redes, TikTok, shows en vivo y, especialmente, en el histórico Vélez 2024. “Ahí fue cuando caí. Me di vuelta y vi a todo el público disfrazado. Fue impactante”, recuerda.

Entre el cine, la animación y los shows en vivo

Aunque su carrera explotó desde la música, Julita nunca dejó de pensar como cineasta. De hecho, explica que la animación —una herramienta que dominaba desde temprano— fue el recurso que primero le abrió puertas profesionales. “No es que yo quería hacer animación. Yo quería dirigir. Pero la animación me dio mi primera entrada a la industria”, dice.

Con los años, la música terminó por convertirse en un espacio donde podía unir todas sus obsesiones: narrativa, estética, ritmo, personajes y emoción. Por eso se toma los álbumes y los shows como si fueran películas. “Yo creo universos. Creo personajes. Me gusta pensar cada proyecto como si fuera ficción. Es mi forma de contar historias”, explica.

Hoy, esa visión llamó la atención fuera de Argentina. Acaba de firmar con la productora Blinkink, con sede en Londres, responsable de trabajos para Gorillaz, Dua Lipa, series animadas y campañas globales. Con ellos ya desarrolla proyectos de ficción y nuevas ideas audiovisuales.

La importancia de crear en español

Julita también es firme defensora del idioma. “El español tiene un color, un humor, una energía que no tiene traducción”, dice. Y se le nota: su trabajo está lleno de guiños culturales, chistes, frases y códigos que dialogan directamente con el público latino.

Para ella, crear en español no es solo un acto artístico sino una forma de pertenencia. Un espacio donde puede apoyarse en su cultura, su crianza y su visión del mundo.

Método caótico, inspiración de madrugada

Cuando se sienta a trabajar, Julita no sigue fórmulas rígidas. “Soy metódica y caótica al mismo tiempo”, bromea. Cuenta que puede pasar horas frente a una hoja en blanco sin que pase nada… hasta que se acuesta. “A las cuatro de la mañana llega la idea. Siempre. Me toca pararme, hacer un mate y escribir”, admite.

Ese caos creativo, lejos de ser un obstáculo, define su proceso. Un proceso que la ha llevado a convertirse en una de las voces más jóvenes e interesantes del storytelling visual en el mundo hispano.

El futuro: cine, giras, ficción… y todo lo que se cruce

A pesar de su corta edad, Julita Conde tiene una carrera que muchos tardan décadas en construir. Ha dirigido conceptos de shows multitudinarios, ha trabajado con artistas que llenan estadios y ya está incursionando en proyectos de ficción con alcance internacional.

Sueña con hacer películas, desarrollar series, seguir creando para la música y explorar nuevas formas de narrar. “Estas dos cosas —la música y la animación— se cruzaron en mi vida de forma inesperada y me dieron mucho. Ahora quiero seguir expandiéndome por ahí”, afirma.

Su voz, fresca y sin pretensiones, es quizás lo que la vuelve tan magnética. Habla con honestidad, sin adornos, pero con la seguridad de alguien que sabe que contar historias es lo suyo.

Y también con la certeza de que lo que viene apenas está empezando.