En Miami hace calor, pero Dimitrius Schuster-Koloamatangi no parece notarlo. Llega con una sonrisa tímida, saluda con un “¿todo bien, hermano?” y se sienta listo para hablar sobre el que, sin duda, es el papel más grande de su carrera hasta ahora. El actor neozelandés, conocido por la serie Far North, ahora protagoniza Predator: Badlands, la nueva entrega de la icónica saga que llega a los cines el 7 de noviembre.
La película, dirigida por Dan Trachtenberg (Prey, 10 Cloverfield Lane), presenta un giro total a la franquicia: se desarrolla en un planeta remoto del futuro, donde un joven Predator —interpretado por Dimitrius— es expulsado de su clan y encuentra una inesperada aliada en Thia, el personaje de Elle Fanning. Juntos emprenden una travesía peligrosa que pone a prueba su fuerza, su humanidad y su necesidad de pertenecer.
“Ser parte de Predator es una bendición… Es una saga que ha tocado generaciones y sigue viva. Me siento afortunado de poder traer algo nuevo a una historia tan querida”, dice Dimitrius con una mezcla de gratitud y asombro.
Avance de “Predator: Badlands”
Un Depredador distinto: Dek
Dimitrius interpreta a Dek, un joven Yautja (la especie alienígena conocida como los Predators) considerado débil por su propia comunidad. El director Trachtenberg lo describió como “the runt of the litter”, el que nació más pequeño, más frágil, el que no encaja en la cultura de la caza.
“Mi personaje empieza sin clan, sin aprobación. Tiene que demostrar que vale… que puede sobrevivir”, explica el actor.
A diferencia de los Depredadores anteriores, que solían ser villanos, Dek es el primer Yautja en mostrar vulnerabilidad, duda y hasta empatía. Es un antihéroe atrapado entre el instinto de cazar y el deseo de entender el mundo. “Creo que eso es lo que hace que esta historia funcione”, dice Dimitrius. “Por primera vez vemos lo que pasa dentro de la cabeza del Depredador. No solo lo que hace, sino lo que siente”.
Entre máscaras, risas y respeto
El rodaje fue intenso. El traje completo del Predator pesaba más de 25 kilos y requería horas de preparación diaria.
“Aprender el idioma Yautja fue otra locura. Tenía que practicar sonidos guturales, gestos, respirar distinto… fue como vivir dentro de otro cuerpo”, cuenta entre risas.
Aun así, hubo espacio para momentos más ligeros. Dimitrius recuerda una escena eliminada que todavía le saca carcajadas:
“Había una secuencia donde Elle y yo estábamos sobre una criatura gigante, a unos diez metros de altura. Aquello se movía como loco y terminamos revolcados. Todo el equipo se estaba muriendo de la risa. Fue un desastre… pero un desastre divertido.”
Trabajar con Elle Fanning
Hablar de Elle Fanning lo cambia todo. Su rostro se ilumina y su tono se vuelve más reflexivo.
“Ella es increíble. Hay una escena donde interpreta a dos versiones de su personaje, y yo estoy amarrado, sin una sola línea. Pero no podía dejar de mirarla. Su forma de usar los ojos, de cambiar la energía… fue impresionante. Es una actriz que nació para esto. Solo quería aprender todo lo que pudiera de ella.”
Esa química entre ambos se refleja en pantalla. Thia y Dek no solo sobreviven juntos; se entienden, se necesitan y, en cierto modo, se curan mutuamente.
De la intensidad al reggae
Cuando le pregunto cómo se preparó emocionalmente para un papel tan físico, Dimitrius se ríe.
“Escuchaba mucho drill rap australiano, una banda llamada OneFour. Es música fuerte, violenta, pero me ayudaba a entrar en la mente del personaje. Después del rodaje, me pasaba al reggae para relajarme. No se puede estar tenso todo el día, ¿sabes?”.
Su humildad y sentido del humor lo acompañan durante toda la conversación. “Si me soltas en ese planeta, no sé si sobreviviría”, bromea. “Tal vez podría correr rápido… pero no creo que eso me salve por mucho tiempo”.
Más que acción
Aunque la película promete escenas espectaculares y un despliegue técnico impresionante, Dimitrius asegura que Predator: Badlands va más allá.
“Esta película me cambió la vida. Me enseñó a tener paciencia, a respetar mi proceso y a no dejar que el miedo me frene. Mi personaje está buscando identidad… no solo una caza. Y eso lo hace humano, incluso siendo un alienígena.”
Con ese tono entre humilde y orgulloso, el actor cierra la conversación:
“Al final, lo que me gusta de Dek es que no trata de ser el más fuerte. Solo quiere entender quién es. Y creo que todos, de alguna forma, pasamos por eso.”



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